Archivos para enero, 2014

El jefe/The boss

Publicado: enero 26, 2014 en Uncategorized

cronica 9
Fuente. Época del caucho: imágenes del horror

9

Desde la copa de los árboles miró al río lleno de recodos. A lo lejos divisaba una lancha que traqueteaba al surcar las aguas, vienen más turistas indicó con resignación. Me cansan, clic, clic, clic. Suenan monótonamente esas máquinas fotográficas como si fueran disparos. Con ellos desaparece la intimidad. Sus halagos son empalagosos y con tonillo de urbanitas culposos. Así todos los días. Agota. Se bajó a comer al mediodía y se embuchó un banquete pantagruélico de vegetariano, comió hasta reventar. Volvió a montarse sobre el tallo del árbol y encaminarse a lo alto. En su camino las hormigas no cesaban de subir y bajar, no descansan nunca. No conocen el ocio, restregó con ironía. Se sentó al lado de las fotos. Suspiró. Le daba vueltas a lo que veía en esas imágenes. Sacaba cuentas que desde que repasaba las fotos se le cortó las ganas de dormir. Se despertaba con alucinaciones. Se pasará, chasqueó. Esta vez escogió una en la que salía uno de los jefes por una de las estancias, no se sabe cual ¿Abisinia?, ¿Matanzas? ¿Andoques? ¿Atenas? Sí, uno de los gerifaltes de la Peruvian. Ese señor atildado de bigotes mostachos que no mira al retratista. De corbata oscura y traje blanco. Es como si estuviera despistado, en otro mundo ¿pensando en los juicios penales en Isla Grande?, ¿en el rédito del negocio de la goma?, ¿de usar la pluma contra sus detractores?, ¿de la venta de sus acciones en Londres? Está rodeado de capataces y de trabajadores indios. También de otras personas que por la vestimenta parecen militares y patas con unos sombreros de viajeros ingleses colonialistas. Entre los trabajadores que llevaban sombrero aparecía quién salió en la tercera fotografía de esta bitácora [Los ancestros]. Los indígenas en su mayoría niños y adolescentes. Hay pocos adultos, contados con los dedos de la mano. Hay un personaje de traje oscuro arrimado a un tallo de árbol. En actitud chulesca, que él está por encima de Dios y de las leyes. No mira al fotógrafo, está envanecido de su ego. Se quiere alejar de lo que se está retratando, esa escoria podría decir. Hay niñas indígenas a los pies del jefe y de los otros mayorales, ¿nos quieren decir algo que estén sentadas como a pie de página? ¿Eran Taga, Josefina, Saturia o Virginia? Mueve la cabeza. Eructa. Se pone serio, ¿Qué nos quiere mostrar?, ¿Una alianza armoniosa de civilización y mansos salvajes? Pero si fue todo lo contrario, el terror encharcó estos bosques. De golpe le vino un repentino dolor de cabeza y añoró el café que le preparaba la abuela en su exilio por la selva.

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http://observatoriopetrolero.org/informes-ambientales-muestran-altos-niveles-de-contaminacion-en-el-rio-maranon-y-la-rn-pacaya-samiria/

El fondo de armario es amazónico

Publicado: enero 25, 2014 en Uncategorized

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/23/actualidad/1390479980_742205.html

En esta crónica hay una foto de tres muchachos hablando en la calle Paterson de New Jersey. Lo curioso de la foto es que los productos que anuncian son amazónicos. Se busca al dueño o la dueña.

Los señores

Publicado: enero 24, 2014 en Uncategorized

cronica 10
Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

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Expurgaba una fotos de otras. Unas le atraían más y las separaba usando una de sus largas uñas. En esta que seleccionó se mostraba a varias personas pulcras alrededor de una mesa, todos hombres, departiendo en un barco. Es una tertulia distendida por el rostro de los tertulianos. Afables. ¿Era el desayuno o la comida? Recuerda que esta misma foto aparecía en el diario del cónsul inglés que visitó ese lugar donde reinaba Belcebú. ¿Cómo apareció en este archivo?, ¿se trocaron las imágenes? El cónsul recordaba que era de camino a las estancias caucheras y parte de la comisión platicaban asuntos del viaje. Sí hubieran tratado los tratos crueles o de desaparición forzada de personas, seguro que los del cenáculo no tuvieran ese semblante risueño. Presumiblemente, estarían más serios. La denuncia periodística en La Felpa era de una gravedad tremenda. Los hechos cobraron dimensiones internacionales, ¿eran los efectos de la globalización? Amigo retratista, a pesar de su intención manifiesta de mostrar desasosiego en el país de los tormentos se escondía un proceloso mar de fondo donde los homicidios, violaciones, torturas eran y son difíciles de borrar.

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Otro sí

Publicado: enero 23, 2014 en Uncategorized

Cuando sucede un hecho dantesco como el caucho hay una tendencia a trivializar los sucesos ocurridos, lo mismo pasó con las muertes en los campos de concentración en manos de los nazis, negaron que eso ocurría (hace poco un cura alemán negó que tales acontecimientos sucedieron). Los testimonios de Primo Levi, Jorge Semprún y otros sobrevivientes prueban lo contrario a estos negacionistas (desgraciadamente de lo ocurrido en el Putumayo no hay testimonio de las víctimas, todavía). La expresión más gráfica de esa preferencia es a enaltecer a personajes y protagonistas directamente responsables de los hechos sangrientos, son incólumes, casi inmaculados de culpa. Un cronista de la época los llamó los superhombres y lanzaba un ditirambo a los caucheros y minimizaba las muertes, -todo progreso tiene sus costes señalaban muy ufanos y con voz cínica. La recién instalada Corte Superior de Loreto pasó de puntillas de un tema que escocía por su resonancia local, nacional y mundial [unos meses atrás hablaba con el escritor y diplomático (es cónsul en Puerto Rico) español Eduardo Garrigues quien pensaba trabajar sobre el caucho pero desde la perspectiva inglesa, como esos escándalos eran digeridos por la liberal sociedad anglosajona]. El presidente de entonces en su primer discurso lo obvió y, seguramente, era una noticia que se comentaba entre los vecinos del viejo astillero. Esta mesnada con frecuencia idealizar una época prodigiosa y de solo bondades. Si bien es cierto, ya lo han dicho, que con el caucho la Amazonía ingresó a la economía global también hay que advertir que esta globalización, como la de hoy, tuvo y tiene enormes costes humanos que maniobran en hacerlos no ostensibles. Pero no es solo lamentar de esas muertes a integrantes de pueblos indígenas (hombres y mujeres) lo interesante ante tremendos hechos es que la relación sociedad nacional y pueblos indígenas pudiera haberse enmendado pero hasta el momento los resultados son deficitarios. A igual que la relación con los recursos naturales. La situación de cara a los pueblos indígenas sigue siendo de exclusión e invisibilización; y con los recursos naturales gana la lógica extractiva. Esta es una de las muchas lecciones por aprender del boom cauchero pero por favor, no trivialicemos este asunto tan sangrante.

Los tambos

Publicado: enero 23, 2014 en Uncategorized

cronica 11
Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

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Es cierto que es remolón. Él va a su aire, la cola es pecho como repetía esa coletilla de su padre. Siente que unas hormigas traviesas caminan por sus cerdas, seguro que se han perdido y no hallan el camino. No les hace puñetero caso, felizmente que no son esos curuhuinsis que si dan mordiscos. Se sacude y las hormigas caen en una de las ramas del árbol. Al mediodía quiso pegar ojo, una siesta pero los ahogos del alma pudieron con él. Anda despierto y el sueño por las noches es muy ligero, al mínimo ruido se despierta. Toma el té que le recomendó la abuela para dormir y no logra vencer la ansiedad, sus ojos están como unos platos y las ojeras cada vez más oscuras. Rebusca las imágenes y mira una de ellas como si fuera un boleto de la lotería. Muestra una escena feliz y casi fraterna. Los tambos eran sitios para el descanso, en el caucho estos eran usados como almacenes donde depositaban lo que extraían los indios del bosque, el preciado oro blanco, y también como espacio para el respiro, ¿podían respirar con tantas muertes? Cuentan testigos que el aire era irrespirable, hedía a carne chamuscada y descompuesta. Los charcos se tiñeron de rojo. Los atardeceres rojizos y dulces sabían amargos como la mermelada de naranja. El techo de hojas de irapay de la foto daba la impresión de frescor. Hay seis personajes en la fotografía. Una mujer de color canela quien les proveía de cuidados y alimentos, de vestido largo oscuro y sin zapatos. Casi todos se fijan su atención en el lente del fotógrafo, salvo el mayoral de traje blanco, corbata oscura y botas. Mira a un lado diferente de la cámara. La muchacha lleva entre manos un mantel. Los rostros de los trabajadores de estas estancias caucheras derrochan bonhomía, parecen no matar ni una mosca y son buena gente. Aunque la realidad les de un tortazo en la cara y negaba esa quietud. Los he visto desollar indios, robar niños y niñas. ¿Por qué tanto empeño en ese doble discurso? Hummmmm se rascó la cabeza.

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Los empleados de la Peruvian

Publicado: enero 22, 2014 en Uncategorized

cronica 12

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

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A momentos quería despatarrase y dormir un poco. Pero la pesadilla le pinchaba el sueño. Tratar de cerrar los ojos era un incordio. Se mantenía insomne. ¿Mutaré y seré un nictálope? Se alisó la cabeza, olió el sudor de sus cerdas y se sintió, ignoraba por qué, más cómodo. La fotografía que eligió era de un cuarteto de caballeros, ¿el Cuarteto de Alejandría? ¿O el cuarteto exterminador? Salían dos imberbes y dos con bigotes a lo Charles Bronson o al revés, el actor imitaba a ellos. Cada individuo de diferentes tamaños aunque hay uno de ellos que es muy bajo y posa con un sombrero en la mano. Todos en camisa o camiseta blanca. ¿Han sido retratados cuando empezaba o terminaba la jornada? No se sabe, aunque parece que ha sido en la mañana, no hay indicios o señas que hayan estado metidos en el barro. Casi todos mueven el lado derecho del brazo, dos de ellos en media jarra. Ponen el brazo en la cintura, en el bolsillo, en actitud espera o ¿de desconfianza?, ¿dudan del retratista?, ¿del momento del clic? Parecen tranquilos como operados hasta, por que no decirlo, amables y para nada miñambres ¿Y los empleados de Barbados no estaban en el momento de la foto? Las crónicas y testimonios los señalaban a estos capataces como los serafines de la crueldad. Cumplían ciegamente los mandados. No hay nada que hacer, el fotógrafo fue con la lección aprendida. Cuando menos aspavientos hiciera, mejor. Por eso su obsesión de no remover nada. No hagan olas que me ahogo. Se tomó sus cautelas. La imagen la tomó en la misma casa de la wuarmi que sale en la crónica 4. Es un bestiario de fotografías de lo que pudo ser pero no lo fue, gruñó antes de rascarse la espalda en el tronco del árbol.

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