Un horrísono folio amarillento

Publicado: mayo 22, 2016 en Uncategorized

Hace unos años en un lugar de la broza un día de mucho sol y luego de cantar, obligadamente, el himno nacional y el himno del colegio nos dirigimos diligentemente a las aulas. Era abril y con el corte de cabello a lo militar. Quedaban las aulas en el segundo y tercer piso. Para mí todo era una situación nueva. Nuevos amigos, nuevos profesores y colegio nuevo. Lo escrutaba todo y trataba de identificar los códigos entre patas, profesores y auxiliares administrativos. Era como ir poniendo nombre a un nuevo mundo. El aula era compartida con personas de diferentes procedencias. Había patas que venían del interior de la región que, presumo, estaban como yo, un poco con cierto temor escénico, en castellano peninsular, acojonados. Otros habían cursado toda la primaria en el mismo colegio y entre ellos había más cordialidad, y con razón, se conocían. Ese primer día me remeció las emociones. A los pocos días de la convivencia escolar no había quien que no tuviera un mote o apelativo ante la chacota de los demás patas, y casi todos los apodos, relacionados con la fauna amazónica o los defectos físicos. Una cuestión que me asombró fue que cada día tenías que afirmar ante los demás tu virilidad, nadie se daba tregua, “chócala para la salida”. Al primer resbalón te caían como una horda de pirañas y te dejaban hecho pica- pica. En ese contexto recuerdo que había algunos patas que esta demostración de virilidad les suponía cierto esfuerzo, un plus (estéril e ingenuo) que demostrar ante los demás. Y esto suponía la mayor de las burlas posibles. No imaginé que éramos muchachos tan violentos, lo percibí con el tiempo. Agresivos. La ceguera de esos años mozos hizo que no permitiéramos admitir que había personas diferentes a nosotros y, como muchos, éramos sembradores de estigmas. Que había personas con otras opciones y sensibilidades afectivo- sexuales. Éramos unos brutos machos alfa pastando en la floresta y la cruel violencia imberbe iba dirigida contra ellos, los más vulnerables. La tolerancia era chino o finlandés para nosotros. Todos estos recuerdos horrísonos me vienen en este día contra la homofobia. Hay que hacer una revolución en las aulas, partiendo por admitir que hay personas con sensibilidades diferentes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s