No son cifras, son vidas

Publicado: diciembre 19, 2016 en Uncategorized

Una señora agobiada por la crisis económica, sin trabajo y viviendo por el soporte familiar no daba crédito a lo que vivía: tiene una orden de desalojo y embargo de la casa donde vivía (había heredado de sus padres). No iba de fiestas ni derrochaba lo que entraba para la casa. Pero las decisiones políticas de los que gobiernan poco se entienden en el día a día y ha afectado a si vida cotidiana. Su rostro parece que está con una tremenda depresión. Un día no puede más con tremenda agonía diaria y decide suicidarse. La noticia sale en los telediarios casi anecdóticamente (en la televisión en manos de los sectores conservadores en España apenas la reseñan). Y lo dejamos pasar. En Lusaka, Zambia, una niña de quince años, una excelente alumna por sus notas pero con escasos recursos económicos postula a la universidad para una beca y no se la dan. Se prepara y vuelve a postular y nada. La universidad en ese país está en manos del sector privado a la pública la dejaron morir. En su tercer intento tampoco logra conseguir la beca y un día decide quitarse la vida. Adiós mundo cruel. Un amigo en Bahía que hacía de conductor de un taxi me comentaba que él trabajaba en una empresa durante casi treinta años. Él ya frisaba la cincuentena como yo. Trabajaba en ventas y en cuanto podía se capacitaba, no quería perder el tren del reciclaje laboral, il aggiornamento que obligan las empresas y el llamado mercado. Un buen día va al trabajo, casi siempre iba contento, y en la mesa de su escritorio encuentra su carta de despido (estaba en una edad que era mejor despedirlo). Él pata siente que se le oprime el pecho y suelta una lágrimas. De un momento a otro el mundo que creía tener se desploma. Todo cambia. Desde entonces su vida es un martirio. Estuvo deprimido unos meses hasta que se animo a ser chofer de taxi. Las deudas crecían y no le quedaba otra. Son vidas quebradas en tres puntos geográficos distintos del orbe y con resultados adversos para quienes sufren estas políticas del libre mercado. Son las vidas con que se alimenta este sediento y sangriento sistema.

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