Tropiezos

Publicado: enero 22, 2017 en Uncategorized

Todas las sociedades están llenas de emociones, señalaba la filósofa Martha Nussbaum. Y lo interesante es observar como cada país procesa sus emociones. Unos países gestionan mejor sus emociones que otros. En el caso de la floresta todavía lo que ocurrió con la explotación del caucho no ha sido debidamente procesada por la sociedad amazónica, y menos aún, la peruana. La extracción de los recursos naturales se sigue haciendo como en la época del caucho. A punta pala. Sólo pensando en las utilidades del capital al margen de la situación de las poblaciones que viven de esos recursos que son, casi siempre, los perjudicados. La actual situación de contaminación de las aguas de los ríos amazónicos es una muestra de ellos, la Administración estatal se ha mantenido sorda y ciega de cara a esas quejas y protestas. A escala nacional un buen ejemplo de esas gestiones de las emociones ha sido el reciente conflicto armado, de los años ochenta y noventa, y sus daños colaterales, se puede palpar que persiste en el centralismo político- administrativo o en actitudes pocos tolerantes a las ideas políticas de otros. Cualquier político o política debe hacer una lectura rápida de esas emociones si no está cavando su propia tumba- políticamente hablando. Aquí en España es un país que conduce mal sus emociones. Casi siempre las soluciones políticas dejan a mucha gente descontenta. Un ejemplo de ello es la tan cacareada transición política que si bien es cierto, con todos sus defectos, fue la solución de un momento determinado y en lugar de ir corriendo esos errores no se quiere enmendar lo que se hizo mal. Así se gestionan los sentimientos. El actual presidente de gobierno con una corrupción hasta las cejas -que él mismo parece ser cómplice, y con el hartazgo de la gente de esa corrupción nombra a sus nuevos ministros a personas con una mancha en su currículum político ¿Hay capacidad de enmienda? Me parece que no, es persistir por cultura o sistemáticamente. Pienso que la población española con la experiencia de la dictadura franquista ha promovido una cultura de la impunidad y de complicidad frente a la corrupción porque no le hace ascos, ha aprendido a convivir y a gozar de ella. Lo más doloroso de esto es que los políticos y políticas siguen conduciendo mal esas emociones en este y al otro lado del charco.

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