Paisanaje del parque

Publicado: mayo 2, 2017 en Uncategorized

Casi a diario suelo caminar por el parque de El Retiro, por salud y para despejar las ideas que suelen atascarse en el tutumo. En ese recorrido suelo ver desfilar todos, o casi todos, los paisajes humanos posibles en esa área verde. Voy anotando en mi cuaderno de notas y garrapateando, si puedo, las caras de estos personajes. Por una de esas callejas del parque observas pasar una cohorte de runners, alrededor de ocho personas, liderados por un pata o una pata, seguramente darán la vuelta al parque voluntad de atleta que excede a mis objetivos que son muchos más modestos, caminar. También en esta caminata te topas con turistas con mapa en mano que van a visitar la fuente y monumento del ángel caído, clic, clic, caminas entre disparos de los fotógrafos – dicen que es uno de los pocos en el mundo a este anjo. Otro grupo de personas, en un sector del parque, de más edad practican tai- chi, todos muy disciplinados y entusiastas. En una parte donde hay muchos árboles de cerezos dos o tres personas practican yoga. Todos buscamos una buena salud en estos tiempos líquidos donde abunda el estrés y la mala gestión de las emociones. A veces, me siento en una de las bancas para contemplar mejor el teatro del mundo en que vivimos, hay un grato olor a hierba recién cortada. En esa banca un día de cielo abierto, he visto a un fauno que llevaba un carrito con un niño dentro, atado a un perro y con una mano, leyendo un libro y con el pinganillo en los oídos escuchando música ¿cómo puede hacer las tres cosas a la vez? O tal vez es solo postureo. Es imposible. Ni siquiera dedica unos segundos a su hijo, a su libro y a la pobre mascota, es la metáfora de la persona de estos tiempos, cargando banalidades. No salía de mi asombro. Casi para llegar al lago me topo con un grupo de personas con discapacidad intelectual, eran alrededor de diez con una persona guía que les explicaba los recovecos del parque. Del grupo que escuchaba atento me llamó la atención de una mujer, con canas, que no se despegaba de su muñeca, la abrazaba con mucho cariño con la mirada perdida. Fue el mejor retrato de este paisanaje.

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