Distopía

Publicado: mayo 11, 2017 en Uncategorized

Uno de los errores de reducción a lo sucedido con los crímenes del caucho o del Putumayo en la floresta peruana ha sido acotar que lo sucedido es un problema que solo concernía a los indígenas. Sí bien es cierto que estos crímenes y vejaciones ocurrieron a las poblaciones indígenas pero el problema va más allá. Lo primero que hay que deshacernos, por pedagogía, es pensar que la explotación del caucho en el Putumayo es solo un problema indígena, es mucho más que eso. Este arrinconamiento a que sea un problema indígena ha conllevado que solo sea abordado por cierta élite y el debate sea solo académico- y al ser un asunto indígena sea trabajado por un cierto sector de científicos sociales. Craso error. Recuerdo que cuando se publicó el litigio de Bonifacio Pisango en la defensa de sus purmas articulando para ello una ley nacional con una regulación local, en pleno periodo cauchero, la actitud fue de frialdad y silencio de esas “élites”. Por eso, lo primero que hay que trabajar es romper esos “falsos muros” pergeñados por las élites y la academia. Lo sucedido en el Putumayo atraviesa la vida social amazónica en general, y cuyas lecciones no queremos aprender o, simplemente, cerramos los ojos. No es sólo un problema de las desamparadas poblaciones indígenas que también lo es pero no debemos quedarnos allí (perdonen la reiteración e insistencia). Hay varias aristas a trabajar. Por ejemplo, ensayaré algunos de ellas. El progreso y el desarrollo proclamado por las clases dominantes local, nacional e internacional generó una distopía, se basó en la premisa del modelo extractivista de los recursos naturales. Este modelo solo trajo penurias e ilusiones que desfallecieron a los pocos años. Esta misma situación (y modelo) se volvió a repetir con la explotación petrolera que hasta ahora sufrimos las consecuencias. Aquí el punto a discutir es sobre el modelo de desarrollo que queremos en la floresta. A su vez, el modelo extractivista cuya hegemonía está en plena vigencia, va de la mano, del centralista modelo político- administrativo de los recursos naturales y sobre este tema no hemos reflexionado lo suficiente propios y extraños. Desgraciadamente, desde la explotación del caucho no hemos aprendido la lección. Seguimos bajo las sombras de los mismos yerros.

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