Bruma

Publicado: junio 1, 2017 en Uncategorized

Cuando uno revisa los diarios impresos u on line, ni les digo las redes sociales como el FB, la gran mayoría de las noticias o publicidad están referidas al cuerpo, al cuerpo lozano y sano, todo entre comillas. Tiene en los avisos un gran peso el cuerpo de la mujer. La publicidad se regodea con ellas. A ellas se les exige más. Que tengan juventud eterna. Que los pechos, que los traseros, que la nariz casi rozando la perfección. La piel brillante, la publicidad de los medicamentos para el estreñimiento, para una mejor digestión. Es incansable. Es un ataque diario y constante, que no cesa ni en sueños. Una mujer modelo que ha dado a luz y a los pocos días, fotos de ella, según reza la leyenda de la foto, con un cuerpo de infarto ¿? Me pregunto ¿hay personas que siguen a rajatabla esas noticias tontas? Es decir, que hacen caso a sus “consejos”. Una chica en Gran Bretaña hizo una campaña a que no le exijan llevar zapatos con taco en el trabajo ¿hasta donde hemos llegado con esas normas? En el cine se puede advertir con más claridad esa esclavitud de la moda o tendencias para machacar a las mujeres. Una guapa actriz a los pocos años, por lo general, han pasado por el quirófano para estar de acuerdo con el canon estético de la industria del cine. También hay que decirlo que hay chicas valientes que se resisten– las hace más guapas. Es como si sobre ellas pesara la maldición del ungüento de la eterna juventud. Hay actrices que por las fotos, y de mi misma edad, parecen más jóvenes que yo, me decía a mí mismo, aquí hay algo raro. Leía que a una actriz de mi época, aunque con unos años más que yo, la reprochaban porque no llevaba la edad con dignidad por las continuas operaciones de cirugía estética sobre su membrudo cuerpo – se atreven a mencionar en ese desmesurado mundo la palabra dignidad, pardiez que vamos mal. Pero en estos tiempos ñoños la diatriba, desgraciadamente, va en la dirección equivocada, ¿por qué increparla a ella? Acaso ella no es producto de la industria del cine y de la televisión, de la exigencia de los contratos, de su audiencia. Su cuerpo es solo un instrumento o mercancía que exige esta industria. A mí, ajeno a ese mercado, solo me queda sonreír ante una nueva cana o arruga.

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