El olor del parinari (III)

Publicado: agosto 3, 2017 en Uncategorized

La vida tiene un punto de partida pero el final no se sabe donde acaba. A lo largo de ese camino hay momentos de tranquilidad, de repentinas turbulencia, desconciertos, decisiones buenas o fallidas que definirán lo que eres y, seguro, hay más aliños a esta existencia. Lo que tiene de bueno la novela es que es una cámara en close up sobre nuestra vida, te hace notar las hasta las recientes patas de gallo que adornan tu rostro. Además es un viaje de introspección de los personajes. Ese es un gran valor porque a través de ella puedes navegar en el mar de emociones de los demás., ponerte en el zapato de los otros Así en estos momentos estivales por la sierra de Guadarrama leía la novela de Ignacio Martínez de Pisón “La buena reputación” ambientada en la España a inicios de las posguerra civil de este país, en Melilla, es un enclave español en tierras marroquíes, esa mirada desde la periferia es lo más interesante de esta novela. Es una historia de recoge tres generaciones de esta tierra y se ambienta en diferentes ámbitos geográficos de este lado de la península que va desde Gran Canarias hasta Melilla pasando por Zaragoza, Málaga y muy esquivamente por Madrid o Barcelona, ese es otro punto a favor de la novela que la descentra de una ciudad, dando un gran valor a ese sentido de pertenencia, que de alguna manera u otra, buscan sus protagonistas que terminan simbólicamente en el cementerio de Melilla. Samuel, uno de los protagonistas, es un español de orígenes sefarditas pero por diversas razones, del contexto, públicamente no se manifiesta como tal aunque ese sentimiento lo lleva muy adentro. En su vida hay un punto de quiebre cuando ayuda a los judíos marroquíes que querían hacer la aliyá (el viaje de vuelta a la tierra prometida) e irse a Israel y una de esas embarcaciones donde viajaban naufraga con muchas personas fallecidas, es un mazazo que no se repondrá fácilmente. Las hijas de Samuel y Mercedes cada una a su modo, Miriam (sobreprotegida) y Sara (muy independiente), y manera trazan sus caminos con las vicisitudes que va marcando la vida al igual que sus nietos, uno de ellos de Zaragoza viaja a Melilla por un acuerdo testamentario de la abuela Mercedes – la novela también hurga en la educación sentimental de sus protagonistas. Además, el entrelazamiento de las historias es una de las fortalezas de la novela. Pero el peso fuerte lo lleva la memoria individual que poco a poco esta se desvanece (a casi todos los personajes la memoria le juega malas pasadas por la edad), pero, felizmente, está la novela para que esta no se difumine.

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