Archivos para junio, 2018

Recordando a Ofelia Montesco

Publicado: junio 16, 2018 en Uncategorized

Un día como hoy fallece en Ciudad de México la actriz amazónica Ofelia Montesco, 16 de junio de 1983.
¿Cómo habrá sido ese fatídico día? Seguro que en la floresta habrá jarreado hasta escribir su nombre.

Tantas muertes

Publicado: junio 14, 2018 en Uncategorized

Las noticias estos días se tiñen de sangre casi a diario. Parte de esta sangre derramada tiene que ver con personas que defienden los derechos de la naturaleza o de las defensoras y defensores de derechos humanos. La muerte de Marielle Franco en Río de Janeiro grafica la impunidad con que se maneja estos temas. Una mujer afrobrasileña, lesbiana y líder social fue asesinada sin más por oponerse a la militarización de las favelas en la zona donde ella nació, creció, y desgraciadamente, murió. Esas muertes desconciertan. En un sistema que se vanagloria del respeto a las ideas éstas, las ideas diferentes, son muertas a balas por las personas que las enarbolan – es un sistema muy perverso e inseguro. La situación del ejercicio de la libertad de expresión en México produce escalofríos y mucho temor. Cualquier periodista que investigue y denuncie casos de corrupción o de narcotráfico es muerto. Muchos cuestionan que en México se viva realmente en democracia. En Colombia en pleno proceso de paz los líderes comunales son muertos a balazos y el Estado ha abdicado en sus funciones de protección. En Perú la líder campesina peruana Máxima Acuña que salió en la defensa de sus tierras y lagos ha sido amenazada de muerte por, presumibles, personas relacionadas con la empresa minera interesada en explotar los recursos que ella protege. Hay mucho de desconcierto y muchas muertes a líderes, hombres y mujeres, que por oponerse a una determinada decisión política o salir en defensa de los recursos naturales son liquidados a balazos. Pero estas crueles muertes también alcanzan a la Amazonía peruana que no está ajena a ella. Como es el caso de Edwin Chota que fue muerto a balazos por oponerse a la tala ilegal en la comunidad nativa Alto Tamaya- Saweto en Ucayali. Unos sicarios se encargaron del trabajo sucio de los grandes intereses. Los crímenes de los y las líderes comunales ocurren en circunstancias brumosas y no logran ser esclarecidas. Pareciera que les cubriera el manto del olvido.

https://www.theguardian.com/world/2018/jun/11/giant-african-baobab-trees-die-suddenly-after-thousands-of-years?CMP=fb_gu

Los sucesos sangrientos del Putumayo sigue siendo una herida abierta en la floresta. No se cierra a pesar de más de un siglo de lo ocurrido. Y se demuestra con la relación tensa, complicada y violenta con los recursos naturales y con las poblaciones indígenas que viven en la Amazonía. Con los recursos naturales no hemos encontrado el punto de equilibrio (está demostrado que el sistema extractivo capitalista no es el más idóneo y el concepto de desarrollo sostenible cada día es más vacío y huero) y con los pueblos indígenas el saldo es negativo, casi siempre pierden ellos (hay que advertir también de cierto ambientalismo con rasgo racista que se mueve en la manigua). Si la justicia tiene una balanza esta se muestra, claramente, inclinada a una de las partes. Pero lo ocurrido en el Putumayo no solo atañe a Perú sino a todos los Estados nacionales que tienen Amazonía. No saben, ignoran como abordar e implementar las políticas públicas en la floresta. Un buen paso a favor es el reciente fallo de la Corte Suprema de Colombia sobre esta ecoregión que misteriosamente en Perú la sentencia judicial se comenta muy poco y en la Amazonía menos aún – los y las juristas andan en otros apuros. De las muertes ocurridas en el Putumayo las ciencias sociales tímidamente tienen progresos. Hasta en el momento han hablado los criollos (sea de cualquier oficio o profesión como antropólogos, historiadores, abogados, escritores- casi siempre hombres), muy poco los indígenas. Hay una seria crisis de representación, infelizmente, los legitimados para hablar, callan. Siempre o casi siempre se habla en tercera persona. He sostenido que sobre el caucho hay que elaborar un árbol de memorias. Presumo que no hay ni debe haber una sola memoria sobre ese período tan funesto para los bosques para poder entender lo ocurrido. Recordar que el caucho fue un episodio del capitalismo global con todas sus aristas. Lamentablemente, el discurso del caucho se ha movido entre el boato de las exportaciones de la goma y las crueles muertes, pero hay mucho más en esa zona gris inexplorada con timidez. Tengo conocimiento que hay personas y grupo de la ciudadanía en diferentes riberas de la floresta que están promoviendo la recuperación de esa parte de la memoria, ojalá así sea. La memoria ganará.

Recuerdo cuando todavía no me llamaba a mí misma feminista. Cuando oía de ellas que eran unas aguafiestas, señoras anticuadas, radicales, sin humor, y por eso no me quería sumar al movimiento. Ahora sé que es posible que llegara a pensar eso porque no conocía todavía a Maruja Barrig, investigadora en género e identidades y activista feminista, autora del ya mítico libro Cinturón de castidad. La mujer de clase media en el Perú (1979). Hace unos días, durante un panel feminista autogestionado, celebrado en el MAC de Barranco y transmitido en directo por Lamula.pe, Barrig fue un aire fresco que llegaba desde la generación anterior de feministas peruanas, alguien a quien los treinta años de lucha a cuestas no le han hecho perder ni un ápice de mordacidad y delirio. “No entiendo dónde has podido escuchar que éramos anticuadas y sin humor” –me increpa–. Mi recuerdo de nosotras es que era todo lo contrario, si hasta teníamos el afiche ese de Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda”.

https://larepublica.pe/domingo/1231040-en-los-70-entramos-asustadas-a-disputar-espacios-con-los-hombres-ahora-las-que-asustan-son-ustedes

Nossa Amazônia ferida?

Publicado: junio 10, 2018 en Uncategorized

Cualquier persona que nace en la Amazonía, por esas cosas de la lotería social, no puede mirar al otro lado ante las injusticias que asolan por sus bosques y aguas. Sería torpe. Negarlo es negarse a sí mismo. Los que moramos en el marjal vivimos bajo una eterna paradoja. Los ubérrimos bosques de diversidad biológica cobijan poblaciones empobrecidas y con acceso a derechos sociales muy limitados y con derechos individuales con serias afectaciones. Como primer dato tenemos que hay una gran dependencia con la naturaleza y su entorno. La política estatal que se ha implementado alrededor de los recursos naturales ha sido bajo la filosofía de la extracción de estos también conocida como el extractivismo. Esta política se puede explicar, apretadamente, como la extracción intensiva de los recursos naturales, con bajo o nulo procesamiento de estos y destinado al mercado exterior. Pero el extractivismo ha generado también cierta forma de expresión de cultura muy arraigada en la floresta, por ejemplo, el pan por hoy y hambre para mañana. Donde los recursos materiales y culturales se dilapidan en un santiamén sin proyección ni perspectiva. Esta lógica de intervención de los recursos naturales ha tenido su mejor expresión en la explotación cauchera. Como ya conocemos con gran pasivo a los recursos que se extraían y a las poblaciones locales de los bosques. Fue un zurriagazo del que todavía no hemos despertado y si lo hemos hecho todavía estamos dando palos de ciego. La explotación de la goma fue un extractivismo de libro: intensa de la goma (se podría decir hasta desmedida, sangrienta y despreocupada), en bruto (sin procesar el producto) y cuyo destino era el mercado exterior. Sabemos cuál es el resultado: una política muy endeble a la larga. Luego de la bonanza, de pocos años, vino el derrumbe. El período postcauchero fue de gran depresión que poco se ha apuntado. Hemos señalado como una característica del extractivismo a la despreocupación en todos los ámbitos como el institucional. Lo digo porque las semillas de la goma, producto de la biopiratería, fueron sembradas en las colonias inglesas en Indonesia y alrededores trayendo como consecuencia el derrumbe de su cotización. Esta despreocupación, de paso, mostraba los graves síntomas del estado oligárquico/patrimonial que vivía Perú en ese entonces (¿todavía?). Pero la explotación del caucho que fue una de las intervenciones más brutales del capitalismo global de inicios del siglo XX (el imperio inglés tuvo su hombre de paja en estas tierras como actúa, muchas veces, el capitalismo periférico) en la floresta ha dejado una herida abierta que no ha cicatrizado y poco hemos aprendido. Lo más grave es que ese dolor de casi un siglo no lo hemos verbalizado a fondo. Hay mucho por hacer.

En la otra orilla (3)

Publicado: junio 7, 2018 en Uncategorized

Con la novela sobre el fracaso de Enrique Vila- Matas recién terminada de leer volvía a Barcelona, “El aire de Dylan”, un hijo con el síndrome de Oblómov trata de reivindicar la memoria de su padre sumado a la romería en ciudades y amigos de su progenitor. La novela me situaba en las calles, en los cafés, en la librería Bernat en la calle Buenos Aires de Barcelona. En este viaje quería respirar todo ese hábitat en la cual se gestaba la novela. Del hotel fui caminando mapa en mano, contra todos los pronósticos porque soy un caminante sin mapa y más de intuiciones. Iba solo, F se quedó en Madrid y es una fanática de los mapas, los lee mejor que yo. Ante todo, y con el plano en la mano, reivindico el perderse en las calles de las ciudades. Las indicaciones me habían dado los del hotel ¿va ir caminando? Fue la pregunta con gramos de sorpresa que me hizo el de la recepción, un joven amable pero parco. El hotel quedaba por la estación de Sants. Sí, le respondí. Lleva unos minutos, añadió. Sí, gracias, le repliqué sin más comentarios. No sabía el pata de la recepción que quería zambullirme en las carrers y avingudas de esta ciudad estimulado por la lectura de Vila- Matas. Me parece que después de una lectura vas con otras referencias, la sientes como parte de ti esas calles. No hay la sensación que vayas despistado. Además recorrer por la avenida Tarradellas un sábado por la mañana es todo un placer, con pocos carros, era una de las avenidas clave para llegar a la librería. No crean que me fue fácil, me perdí, pero no sentía ese vacío del caminante angustiado. Tomé por equivocación una avenida que no fue la indicada. Me reproché la torpeza de leer el plano. Remiré el mapa y me volví a la senda abandonada. Pregunté a un muchacho que iba paseando con su perro y volví a la vía que leía en el plano. Disfrutaba mucho del sosiego de esa mañana del sábado, el olor a café, lejos del tráfico rutinario de los días laborales. Se me venía a la memoria el relato de Robert Walser “El paseo”, quien saboreaba mucho esos vagabundeos. Entre las calles Buenos Aires y Sarriá me volví a perder tontamente. Esta vez pregunté a una chica quien me indicó con amabilidad donde quedaba la calle. Así llegué a la Bernat luego de pasar por ella sin darme cuenta. En la librería luego de otear unos libros me compré las cartas de Kafka que escribió a Milena Jesenská. Hay que reivindicar los paseos con planos en estos momentos del google map.

1El trabajo es el refugio de los que no tienen nada mejor que hacer. Esta máxima se ha convertido en el eje de mi vida desde que hace unas horas me he entregado a las musarañas y al dolce far niente. Se ve que me he despertado con una tendencia a la pereza absoluta y cautivo del síndrome Oblómov, esa pulsión que toma su nombre de las costumbres apáticas del personaje de una novela que Iván Goncharov escribió en 1858.

https://elpais.com/diario/2006/12/24/catalunya/1166926042_850215.html

En la otra orilla (2)

Publicado: junio 5, 2018 en Uncategorized

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Ana Varela, Barcelona

Esta vez estábamos a las orillas del mar Mediterráneo. La última vez que nos vimos había sido en Isla Grande hace ya unos años. Gracias a su intermediación y otros hilos como el de Dora Arana se celebró en Barcelona el evento sobre cultura peruana “En la otra orilla”. El evento contó con el apoyo de la Asociación Cultural Iberoamericana Scorza y la cálida acogida de parte de la población peruana. A su vez, a la ciudad condal acudió al llamado de Ana Varela la actriz amazónica Silvia Chávez Toro quien reside en Colonia, Alemania. Como bien recuerdan Silvia fue una de las protagonistas en la película de Norma de Izcue “Los vientos del ayahuasca”. Ana, Silvia y quien escribe estas líneas éramos la cuadrilla amazónica en esa parte de la península ibérica, mirábamos, como no, de soslayo lo que ocurría en la manigua. Así que en una tarde recorrimos una parte de la ciudad y charloteamos en que andábamos porque Silvia se volvía al día siguiente. Con Ana quedamos en vernos el sábado en la mañana. Le sugerí encontrarnos en la librería Bernat. La librería es uno de los lugares citados en una de sus novelas Enrique Vila- Matas, había terminado la novela “El aire de Dylan” y era un buen motivo hacer ese peregrinaje literario. En la librería me encontré con la dueña de la librería Montse Serrano (quien también sale en la novela citada de Vila- Matas), una mujer llena de vitalidad, bulle en ideas y con las cosas claras sobre la relación de los libros con los lectores y lectoras. Transmite mucha energía y frescura al mismo tiempo. Me contaba que en la misma sala de la librería hacían los Clubs de lecturas. También organiza cena de escritores con las lectoras y lectores y tenía otros planes en el tintero. El diagnóstico de la competencia del libro con las otras actividades de ocio es muy acertado y sobre eso Montse Serrano propone actividades culturales. Por eso trabaja infatigablemente. En verdad, hablar con ella es un baño de buenas sensaciones. En ese contexto de esta acogedora librería hicimos tertulia con la poeta Ana Varela. Hablar un poco de todo pero, como plato de fondo, la tesis doctoral que había terminado sobre ese período todavía de brumas como lo fue el período cauchero y sus protagonistas. Tuve la oportunidad de ver la tesis que glosaba Ana quien para pergeñarla ha revisado exhaustivamente fuentes inéditas que pronto saldrán a la luz a raíz de su investigación. Me comentó que está próxima a publicar un poemario en Lima y, si todo va bien, su poesía será traducida al inglés y publicada en edición bilingüe. También comentábamos la cuestión editorial en la floresta, los amigos, los supays y pintamonas que andan sueltos y soltando ponzoña por el planeta azul. El tiempo fue el conspirador de la cita porque teníamos una comida pendiente y nos esperaban. Seguro que en este punto la tertulia es un punto y seguido. Hemos quedado en vernos en otro lugar del planeta, el lugar todavía está por definirse. Barcelona seguía siendo una fiesta.

P.D. Ana se quedó sorprendida de mi forofismo y del vehemente grito por el gol de Bale en la final de Champions, en verdad, el exquisito gol lo merecía.


La actriz Silvia Chávez Toro en su taller

Silvia Chávez Toro. Actriz, pedagoga teatral y artista plástica. Radica en Colonia, Alemania.

Coincidimos con la actriz amazónica Silvia Chávez Toro al pie del mar Mediterráneo, en Barcelona, con motivo de un encuentro promovido con entusiasmo por la poeta Ana Varela. Silvia pertenece a la cantera de actores y actrices del Teatro Universitario de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP). Ha tenido una formación en el área de Teatro y Film en Lima. En los años ochenta, fue responsable del Taller de Máscaras del Grupo Cultural Yuyachkani. Una decisión familiar la trajo a vivir y trabajar a Colonia en Alemania. En la ciudad condal pudimos charlar con ella sobre diferentes planes y proyectos. Merece la pena escuchar muy atentamente sus sugerentes reflexiones:

¿Qué significó en tu carrera como actriz “El viento del ayahuasca”? ¿Fue un punto de inflexión? Y después de la película ¿qué fue de Silvia Chávez?

“El viento del ayahuasca” fue un momento de transición con todas sus posibilidades. Sin embargo, como actriz la atracción del teatro fue mi destino.

¿El exilio en esta parte de Europa (en Colonia, Alemania) te ha sido provechoso? ¿Pudiste cumplir con tus expectativas?

Continué con la tradición del teatro de grupo en el STUDIO 7, Köln (Colonia). Y a su vez fortalecí mi experiencia pedagógica teatral con proyectos como el de La Máscara – el Teatro de Figuras y las artes plásticas, en diferentes instituciones escolares de educación primaria y secundaria en el contexto de un Programa del Ministerio de Educación (Düsseldorf), llamado “KULTUR UND SCHULE” y otras organizaciones sociales de la Renania.

¿En qué proyectos andas en estos tiempos?

No sólo hago trabajo pedagógico, también estoy en performance y hago cooperación activa con organizaciones entre ellas: KinderKulturKaravane, Ágora Köln, Infoe und “Rettet den Grün- Gürtel”, iniciativas cívicas que abren el intercambio entre Norte y Sur, ocupan mi tiempo. Paralelo a esto, trabajo cotidianamente en una escuela especial, lo cual me permite dedicar más tiempo a la búsqueda artística personal.

¿Desde éste lado de la cocha cómo imaginas la floresta?

Continúa siendo el punto referencial de todas mis búsquedas y sueños. Como en la imaginación de mis “Cuatro cocodrilos”, una performance teatral realizada hace unos años, en los ambientes de la Universidad de Köln, son mi tema la floresta actual, sus habitantes y sus recursos naturales (que sigue siendo saqueada, destruida). Aquí están estos cuatro cocodrilos como símbolo de resistencia y reflexión.