Reescribiendo a Eustasio Rivera

Publicado: octubre 9, 2018 en Uncategorized

Había leído fragmentos de la novela de Eustasio Rivera y lo abandoné en la universidad, me agotó el vórtice narrativo usado por Rivera, me parece que ese fue uno de los motivos para huir de la novela (mala y reprochable excusa de mi parte, lo digo pasados unos años). A raíz de mi vuelta a Colombia volví a él. Le comenté a mi padre y me dijo con rostro ceñudo, esa novela habla mal contra Perú, no la leas. Su apostilla me dejó con más preguntas y, cómo no, me aguijoneó para leerla con más ganas, fue una buena motivación. Me cuestionaba ¿por qué su oposición a que lea la novela? Poniendo en contexto a la novela, esta se había publicado en 1924. Haré énfasis en las fechas que nos dirán mucho la actitud de mi padre. Las denuncias del Putumayo de Benjamín Saldaña fueron publicadas en 1907 en los diarios de la ciudad. La obra del juez Valcárcel había sido hecha pública en 1915 y con posiciones enconadas sobre todo en Iquitos. A su vez, el informe del comisionado Casement también se había conocido en 1912 ante el parlamento inglés. Tenemos que la novela de Rivera se había publicado después de toda esta ida y venida de acusaciones contra los caucheros y alegatos de defensa de estos. Añadir al dato de contexto que el boom cauchero había pasado a ser una agonía para muchas familias en las diferentes zonas de la Amazonía continental. Para algunos historiadores el boom cauchero termino alrededor de 1920. Los precios de la Hevea brasiliensis se habían desinflado de una manera clamorosa. Entonces, con las fechas comencé a hilar datos. La única respuesta posible al comentario agrio de mi padre sobre la novela eran los tratados de límites con Colombia, el Tratado Salomón- Lozano fue firmado en 1922, post- caucho, y esa novela (recordemos que Rivera era diplomático también), para muchos loretanos, como mi padre, había influido en la disputa territorial que para los loretanos (a los peruanos, menos) fue mal negociado por los diplomáticos que casi siempre se meten autogol aunque ellos digan lo contrario. Hay que tener en cuenta que la novela fue también posterior a este tratado de límites. Había un sentimiento de traición hacia el gobierno central de este lado de la Amazonía. Aunque en Colombia la sensación es igual, que el tratado se negoció mal y se cedió territorio – es más, algunos comentan que el tratado fue impuesto por los Estados Unidos. Recuerdo en una visita que hice al poeta Germán Lequerica, cuando vivía en la calle Putumayo, me mostró, muy entusiasmado, una carta de un grupo de ciudadanos de Iquitos habían hecho llegar a la Liga de Naciones en Ginebra impugnando el tratado de marras con Colombia. Habían pasado más de sesenta años de la firma del tratado. Este sentimiento de traición y abandono de parte del gobierno central seguro que en muchos amazónicos todavía les pesa y duele, por eso la animadversión como la de mi padre a la novela. Parece ser que ese prejuicio contra la novela de Rivera, era solo eso, un prejuicio que hay que desterrarlo. Lo que él cuenta de los crimines y vejámenes en el Putumayo era de conocimiento público y no había nada nuevo.

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