Ensayo sobre el despojo (II)

Publicado: octubre 22, 2019 en Uncategorized

Cuando trabajaba dando capacitación legal a campesinos e integrantes indígenas en la floresta de Perú, me contaron una historia que podría entrar en este lienzo del despojo y reivindicación al mismo tiempo, que estamos tratando de repujar. Era sobre el control sobre los recursos naturales, en este caso, de los recursos hídricos. El mercado de Isla Grande o como llama la poeta Ana Varela, isla de las iniquidades, exigía que hubiera más pescado. Esta exigencia mercantil tuvo un impacto directo sobre las cochas o lagunas en la floresta. Una de las esas cochas fue el famoso lago Rimachi o Musha Karusha como los llamaban también los integrantes de pueblos indígenas Candoshi de esa zona. La ubicación exacta es Distrito del Pastaza, Provincia del Datem del Marañón, Departamento de Loreto, Perú. Es uno de los lagos más grandes de la Amazonía peruana y entre sus características están las famosas “ínsulas flotantes” que recorren el lago a lo largo del día, esa imagen de las islas deambulando es muy rica en matices. En ese lago había el paiche, Arapaima gigas, uno de sus ejemplares más valiosos. El Estado a través de su administración ejercía el control del lago. La población indígena se quejaba de la arbitrariedad del control por parte de los funcionarios del Estado y a ellos se les limitaba el acceso de pesca. Un día luego de una discusión tomaron la decisión que los integrantes de pueblos indígenas de alrededor del lago y aledaños tomarían el lago, ellos tendrían el control directo del recurso más preciado de la inmensa cocha. Para ello urdieron un plan. A los funcionarios los detuvieron, los ataron, les pusieron en unas canoas y los despidieron fuera del lago. Ante el reiterado despojo que sufrían sobre este recurso ellos tomaron una decisión comunal. Este caso no fue una anécdota. En Isla Grande se constituyó un grupo de manejo de conflictos. Este grupo recopiló casos importantes y luego se apostillaron, entre ellos estaba el del caso del lago Musa Karusha. Estos despojos que sufrimos de manera cotidiana hay que registrarlos en un gran memorial.

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