Chigbolu subió la foto a su cuenta de Instagram y, en redes sociales, muchas personas han utilizado la imagen para reivindicar la Italia multicultural. Lo han hecho utilizando de forma crítica el eslogan de la Liga, el partido xenófobo liderado por Matteo Salvini, ministro de Interior: “Los italianos primero”. Esas palabras en forma de hashtag (#primagliitaliani) han circulado por Twitter durante el fin de semana por el encuentro anual del partido en Pontida (Bérgamo).

https://verne.elpais.com/verne/2018/07/02/articulo/1530544253_248623.html?id_externo_rsoc=FB_CM

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Desde hace un buen tiempo las organizaciones de pueblos indígenas vienen reclamando que la tan cacareada hidrovía amazónica solo traerá más dolores de cabeza sobre sus poblaciones y sus territorios. El citado proyecto discursivamente trae el progreso en el sector de la navegabilidad por los ciertos ríos de la cuenca amazónica ¿será verdad? Señala machaconamente que pondrá orden en la navegación, reducirán los accidentes y se reducirá la informalidad ¿a qué llamarán reducir la informalidad? Con todo el respeto a este tipo de proyectos tengo mis serias dudas que lo que dicen es lo que va ocurrir más aún si los principales usuarios ancestrales de los ríos ponen reparos ¿se les habrá consultado adecuadamente como manda la normatividad internacional y nacional? Recuerdo que en un proceso de consulta a las poblaciones locales por la creación de un área natural protegida se les atiborraba de información “técnica” que nadie entendía ¿era esto lo adecuado? La navegación fluvial ha nacido unida a la floresta desde tiempos inmemoriales. Cuando los inmigrantes extremeños desde sus naves divisaron a los propietarios de estas tierras los vieron que conducían unas canoas. Es decir, hay una larga experiencia de por medio. En el período cauchero también se intentó legislar sobre la navegación fluvial con poco éxito. La legislación actual bajo el prisma de la desregulación solo ha traído el desbarajuste actual. Una idea muy recurrente cuando se legisla sobre la floresta ante el presumible caos vienen los de afuera a imponer el orden y los resultados, por cierto, son nefastos. Miremos lo que pasa con las tierras donde las propiedades ancestrales cohabitan frente a concesiones mineras, forestales, petroleras, turísticas. Es un verdadero desbarajuste de consecuencias terribles – ya sabemos quienes pierden. En el caso de la hidrovía según las informaciones que aparecen en los medios de comunicación no son sólo regular la navegabilidad de la hoya amazónica sino también en algunos casos va a implicar modificaciones en los cursos de agua ignorando el saber local y las costumbres ancestrales. Estamos avisados el supay el progreso está de vuelta en la manigua.

Una experiencia religiosa

Publicado: julio 5, 2018 en Uncategorized

El vicio por el deporte es un legado de mi padre. He vivido la niñez y adolescencia haciendo un deporte salvo la natación. El nos llenaba la cabeza con sus proezas deportivas y deportistas a quien admiraba como Puskas, Muhammad Alí entre otros. Y bajando al plano local nos recordaba los disparos en la diana de Huicro Vela desde muy lejos, detrás de la línea que divide el medio campo o de las hazañas acuáticas de Vásquez Tananta. Nos mantenía en vilo, cuando viajó a Holanda nos hablaba maravillas del Ajax. En la universidad el ímpetu por ellos, los deportes, tenía de morigerarlos por cuestión de prioridades, pero me enfrascaba en los libros con la disciplina espartana de un deportista. Así he tocado varios palos en los deportes. En el fútbol como portero, en el baloncesto como pívot o defensa pero miraba mucho el tenis pero jugaba muy poco. Recuerdo que en los diarios leía con mucho interés las proezas de Borj, el hombre del hielo, o la persona temperamental como McEnroe. Casi en esa misma línea desenfadada la de André Agassi. Nombres van y vienen como Sampras, Vilas, Lendl y muchos otros. En las mujeres me gustaba mucho Lindsay Davenport, la belga Justine Henin o Serena Williams. Mi primera raqueta la compré en Boston y jugaba al tenis con unos amigos japoneses e italianos. Sigo viendo el tenis por la tele y baladro ante una buena jugada que asusto a Mila, mi suegra, F ya está acostumbrado a esos bramidos. En la última feria del libro de Madrid me compré la obra de David Foster Wallace “El tenis como experiencia religiosa”, son dos exquisitas crónicas. Existe una intensa relación del tenis con la literatura, Gabriel García Márquez jugaba al tenis, por ejemplo. Busqué el libro por el autor y por el tema. Es un autor que me seduce y buscaba entrar en él con un deporte que me apasiona como el tenis y no me defraudó para nada. La primera crónica es sobre el Gran Slam de Estados Unidos, el Open de Nueva York, el último de la temporada como reza la coletilla publicitaria. Es pergeñada por un gran observador que no se le escapa casi nada. El Open es una expresión de la economía de mercado en su máxima expresión que Foster Wallace lo describe con ironía fina que muerde. Se mete en las tripas de evento. En ciencias sociales hay una técnica que se usa mucho que es la observación participante y Foster Wallace lo hace con creces y con mención de felicitación. La otra crónica es más personal sobre una final de Wimbledon entre Roger Federer y Rafa Nadal. Es una sabrosa apostilla donde narra con destreza las jugadas en la red que te deja sin palabras. Logras como lector imaginarte la jugada disputada. Gran oficio de este extinto escritor norteamericano. Como epílogo al leer el libro me puse a ver un partido de tenis de mujeres (pienso que la competencia en mujeres es más reñida) en césped e imaginaba a Foster Wallace gozando como un niño y escrudiñando cada jugada.


La escritora Gilma Arévalo Bartra

Conocí a Gilma C. Arévalo Bartra (Morales, 1957) en Barcelona en una actividad promovida por la Asociación Cultural Iberoamericana Scorza de la cual es activa integrante. Gilma radica fuera de la Amazonía desde hace trece años. Ha publicado el poemario “A la luz de la luna”. El 7 de julio de 2018 presentará “Hablando con Sofía” en la ciudad condal. Le hemos enviado unas preguntas y ella ha tenido la amabilidad de responderlas:

¿En qué medida la floresta ha marcado en tu obra y cómo así te ha despertado el afán y búsqueda genealógica por tus ancestros?

La floresta es el fascinante espacio que me permitió descubrir la cautivadora y mágica belleza de la naturaleza. Esta fue testigo de mis primeros pasos, de mis más jocosas horas, también de algunas agonías. Recorriendo sus parajes aprendí a amar las diversas formas de vida y valorar la creación en su conjunto. El aroma del bosque impregnado de lluvia acaricia desde siempre mis sentidos, el sereno despertar de sus amaneceres ha dejado su huella imperecedera en mi alma que, se encandila ante el sensual recuerdo de un melancólico atardecer, mientras las altas cumbres se adormilan resignadas, seguras de que pronto volverán a ser testigos de la belleza de sus parajes. La floresta es el hogar donde habita mi alma, desde donde se proyecta al mundo ataviado de gratitud.

Desde pequeña sentí la irresistible necesidad de relacionarme con las personas. Mientras fui menor de edad, solo me contactaba con mi familia paterna y con unos cuantos de la materna. A medida que iba creciendo mi interés también crecía y así comencé a investigar sobre mi árbol genealógico. En la edad adulta, plena de alborozo tomo conciencia que mi familia materna era amplia y la gran mayoría de ellos eran también sanmartinenses por tanto estaban allí mismo y podía acceder a ellos. Así es como, combinando el trabajo, la crianza de mi hijo y mi propia vida, mi acercamiento a mi familia materna se fortalecía. ¿Qué me guiaba? Dos realidades: mi innato afán de relacionarme con las personas, que ya comenté antes y una carencia. No tuve la dicha de conocer a mis abuelos maternos y me habría gustado poder interactuar con ellos. Este vacío afectivo me lleva a buscar a ese grupo familiar aparentemente perdido, tal vez como una forma de compensarme y es gracias a un pariente con quien comparto esta afición y, viviendo ya en España, que descubro que en la red tenemos una fuente de información extensa. Este medio es el que me permitiría escribir mi historia familiar hasta seis generaciones anteriores a la mía y, a la fecha aún sigo hurgando en las generaciones jóvenes.

Algunos señalan que en la diáspora solo queda la patria de la escritura ¿De qué manera el exilio ha contribuido con tu literatura?

Dejar la tierra, la familia, los amigos de siempre, los parajes queridos, sin poder evitarlo, abren grietas que se niegan a cerrarse. Navegando entre los hilos gélidos de la distancia, el alma llora, los sentidos se sobrecogen y en un intento de vibrar alto, se refugia en el arte y sus diversas formas. Desde su singular ubicación, plasma sus creaciones nutridas de las más diversas emociones. Yo, embebida de añoranza, repaso el camino andado y arropada de cálidas imágenes me entrego sin remilgos a esta mi pasión sublime por la literatura y en sus frescos remansos se regocijan mis sentidos mientras escribe su mensaje que intenta siempre fluir bañado ataviado de luz.

¿Es fácil escribir desde la distancia?

La distancia es una extraña e inagotable cantera que provee de las más increíbles herramientas a la hora de crear. Ella puede hacer que las almas entreguen sus más preciadas semillas y a veces también las más sombrías. Para mí, desde hace ya muchos años, es la diligente compañera que entre silencios hondos me induce a escribir.

Con todos sus problemas y posibilidades ¿Cómo imaginas la Amazonía en los próximos años?

Yo soy optimista y mi optimismo me lleva a mirar la Amazonia como un armonioso conjunto de prósperas poblaciones rodeadas de exuberante vegetación, donde el ser humano y el bosque se protegen y se ofrendan sus mejores frutos.

Espejo roto (2)

Publicado: julio 3, 2018 en Uncategorized

En los diarios se publican noticias de robots que pueden hacer y resolver el trabajo cotidiano. Muchos de ellos resuelven hasta los momentos de intimidad. Mi abuela Natividad ante estas noticias que revolucionaban su orden me decía,” hijo, se acerca el fin del mundo”. Los robots ya ingresaron en nuestras vidas. Esa vieja (¿y retorcida?) idea que los humanos pueden controlar a la naturaleza. Bajo estas sombras de árboles de la informática vi la película “Her”, realmente nos hace pensar hasta donde llegamos o podemos llegar. Theodore, representado por el actor Joaquim Phoenix, que se dedica a redactar cartas en una empresa para otras personas (muchas con sentido afecto), separado, está viviendo solo, loco por la informática un buen día baja una aplicación donde una voz de mujer, de nombre Samantha, y le arregla un poco la vida, la voz de mujer es de Scarlett Johansson. Le da arresto para enfrentar lo cotidiano. Poco a poco van cimentando la amistad. De amigos pasan a ser novios. El tiene largos momentos para pensar y hablar con la máquina. Sueños, deseos, viajes. Se compenetra tanto que termina enamorándose ¿podremos enamorarnos de las máquinas?, ¿cada vez estamos más solos en este mundo interactivo en el que estamos enganchados?, ¿nos relacionamos mejor con las máquinas que con las personas humanas?, ¿acaso no creamos un ser virtual a nuestra imagen y semejanza con esos sistemas operativos?, ¿no sabemos gestionar emociones humanas con el desamor? La aplicación con la voz de mujer conoce del amor por lo que encuentra en la red de redes. El pata muy ilusionado cuenta a sus amigos que está enamorado de esta aplicación. Tienen hasta discusiones y reconciliaciones de novios con la máquina, la banda sonora de la película es realmente buena y la canción que le encanta escuchar a Samantha “The moon song” resume mucho las emociones de la película. Leía un párrafo de Giorgio Agamben, filósofo italiano, que decía que en estos tiempos desechamos la experiencia. Esta película nos está señalando lo que nos falta en la vida de estos tiempos.

Según Lincoln, “un dilema es un político tratando de salvar sus dos caras a la vez”. Me enfrento desde hace tiempo a un dilema en el que esa salida “política” no es posible. Dejar o no de comer animales. He pasado temporadas intentando alimentarme como vegetariano. También fui vegano durante unos meses. Me sentía bien. Pronto comprendí que lo peor era tener que explicarse. No, no era por moda, ni por militancia, ni por tocar las narices. Me sentía bien, eso era todo. Me sentía bien hasta que me sentía mal.

https://elpais.com/elpais/2018/03/26/eps/1522066698_498932.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Los exilios del bosque

Publicado: julio 1, 2018 en Uncategorized

Por estos meses próximos todo parece indicar que habrá mudanza. La turistificación del barrio ha irrumpido en nuestras apacibles vidas en la Ihla do Olmo y tenemos que encontrar una solución para que vuelva el sosiego. Así rebuscando y seleccionando papeles que se quedan y otros van directamente a la papelera me encontré con una revista cultural que alentaba Percy Vílchez. En la sección editorial, muy atufada por la impronta de Vílchez, reflexionaba sobre el exilio y la escritura. Señalaba que por lo general las personas que estuvieron en la floresta desde lejos escribían sobre ella. Mencionaba los casos de Fray Gaspar de Carvajal y de Uriarte. Desde la lejanía troquelaban la floresta. Es cierto el apunte del poeta Vílchez pero había que pensar sí eso sucedía al revés, sí amazónicos o amazónicas fuera de la floresta escriben sobre la manigua. Así que trataré de borronear algunos trazos de una literatura emergente dentro de la narrativa amazónica que tiene que ver con el lugar donde se encuentran quienes escriben. No necesariamente es el lugar de origen. Unos están físicamente a mucha distancia de la floresta. Una inmensa cocha les divide o hay medio continente de por medio. Recuerdo que el autor de “Mímesis” Erich Aurebach pudo bosquejar la literatura europea desde el exilio. Quizás una de las razones para esta escritura de la manigua desde el exilio sea la distancia ¿será que se busca el punto óptimo, la equidistancia? Recordemos que los primeros cronistas de la selva también escribieron lejos de los bosques – no tenemos conocimiento de cronistas mujeres. Citaré en este repaso rápido a autores y autoras a quienes conozco de cerca su trabajo literario, los trasterrados o trasterradas. Uno de esos autores que moldean el marjal desde esa lejanía es Jorge Nájar, me ciño a su narrativa. Con “El alucinado” y la trilogía de “El árbol de Sodoma”. En el caso de Nájar está a contracorriente de las fáciles y febriles utopías que asolan la floresta. Es más, Nájar camina hacia la distopía ¿será un influjo de su vivencia europea? Otro caso es el de la poeta Ana Varela, con el poemario “En esta orilla se inunda el mundo”, de próxima aparición. En ese poemario Varela tiene una aproximación con fuste ecológico sin olvidar sus raíces con el bosque y su memoria. Además, en el caso de Varela también remarcar su trabajo en la revisión de fuentes bibliográficas del brumoso período cauchera en esa parte de la floresta. También sumar el caso de Rafo Díaz que a su mochila amazónica ha incorporado su rica vivencia africana en sus relatos (ahora Rafo vive en Colombia) pero sigue escribiendo y pintando impregnado de esa experiencia. En los casos citados la distancia con el bosque y el nuevo entorno (un renovado capital simbólico) es una situación a considerar en su producción literaria. Mi opinión es que floresta y la escritura se redimensiona con la experiencia del exilio, esa gran experiencia contrapuntística como señalaba Edward Said. La Amazonía en la diáspora de quienes escriben gana inmejorablemente en la lucha contra los lugares comunes que tanto nos acosan.