La esperanza de Filigenio Borja

Publicado: agosto 13, 2017 en Uncategorized

Con una independencia nacional casi reciente, con un atrezo de una guerra civil muy cercana, con problemas de analfabetismo en la población, con pocas inversiones en el país salvo en algunas exportaciones de recursos naturales hay personas, hombres y mujeres, que apuestan por un futuro a pesar de todo. Esta vez quiero citar la vida de Filigenio Borja, un muchacho de veinte y pocos años de Bissau. El es Bijagós, una etnia que vive en el archipiélago del mismo nombre al frente de la capital de Guinea Bissau. Quizás ese origen insular nos hizo acercar más, nací en Ilha Grande, un condado literario en la floresta de Perú, le dije. Me miró y mostró una sonrisa franca. Como si no diera crédito de mi procedencia insular. Filigenio trabaja en el hotel donde nos hospedábamos. Fue el primero que nos conectó con la realidad de este país africano. Era callado pero cuando hablaba muy reflexivo de la situación en la que vivía. Le gustaba cocinar pescado. Recuerdo que nos acompañó a comprar los chips para los móviles, era casi mediodía y el sol africano nos quería calcinar. Al saber que venía de Madrid me comentó que admiraba a Zidane pero que era forofo del Sporting de Lisboa. Por su admiración por Zidane le cite a Enzo Francescoli, gran jugador uruguayo a que Zizou admiraba cuando era un joven jugador, Filigenio ignoraba de su existencia. Le mostré algunos vídeos sobre Francescoli que él gritaba de admiración por cada jugada. Él había estudiado en el archipiélago pero emigró a la capital por trabajo. A parte de trabajar en el hotel, él estudiaba idiomas: quería mejorar su portugués, a la par del inglés y el francés. Está en los niveles próximos a terminar. Un sábado nos llevó a Safim, un pueblo cercano a Bissau, quería mostrarnos todo a lo largo de camino como los almacenes donde guardan el casho o el anacardo de la fazendas. Luego de comer y para volver a Bissau tomamos un toca toca, una combi o furgoneta de transporte público que iba a mil por hora. Todo un descubrimiento vital, aquí viajan la mayor parte de la población. Íbamos sentados pero con la combi a tope. Casi chocabas con las caras de los otros pasajeros. Era vivir esa parte de África de otra manera, sintiéndola. Pero Filigenio Borja sigue estudiando, piensa que las cosas pueden cambiar en su país. Tomara.

Rúas de Oporto (tres)

Publicado: agosto 10, 2017 en Uncategorized

Empezar el día con un pastel de nata y un buen café es muy reconfortante para un viandante. Se puede tomar en la Manteigaria, cerca de la estación de metro de Bolhao. Esa zona está dentro del centro histórico. Decía que en Oporto como mar de fondo están los encuentros de tiempo. En la pastelería la Manteigairia hay un pastelero que cada cierto tiempo sale a tocar una campana. Con ese sonido se anuncia que hay pasteles recién hechos y calientes, claro, ese anuncio en una empresa más industrializada ni se escucha, cada uno está en su cubil trabajando. En cambio, aquí hay un quiebre, una grieta, una pausa en el tiempo que reconforta. Así caminando por las rúas angostas llegamos a Vila Nova de Gaia, es la zona al frente (a la banda en amazónico) de Oporto que está unida por tren, barco, autobuses y también se llega caminando donde están las bodegas del famoso vino de Oporto, a orillas del río Douro (el río Duero). Allí visitando esas bodegas escuché una historia que tiene relación con la floresta. En Isla Grande era muy conocido el vino de Oporto, es más hay hasta un trago contra el resfrío. Una de las casas de vinos comercializaba a principios de siglo mucho con Brasil, casi en venta exclusiva. La cercanía con el Brasil hizo que el vino de Oporto (que es una mezcla de vino en 80% con licor inglés en 20%) traspasara las fronteras comerciales y llegara a las mesas insulares. Ese día también tratamos de conocer la Sinagoga Kadooric, que estaba cerrada a cal y canto. Y pudimos leer que son tienen reglas muy estrictas para su acceso así que nos quedamos con la miel en los labios. Recordar que desde Portugal salieron para Holanda la familia sefardita de Baruch Spinoza, ilustre filósofo, que fue excolmugado por la ceguera de los sanedrines ante ideas nuevas. Siempre que puedo trato de huronear la huella judía por las diferentes esquinas del mundo. De paso a la sinagoga pudimos ver la obra de Rem Koolhaas, la Casa da Música, cuyo diseño lleva nombre propio. Esos tiempos de Oporto en contrapunto, se entrecruzan la tradición con la modernidad.


Gregorio Martínez es uno de los más destacados representantes de la Generación del 70.

http://peru21.pe/cultura/gregorio-martinez-rescato-voz-afroperuanos-costa-2292706

Rúas de Oporto – Vigo

Publicado: agosto 8, 2017 en Uncategorized

Los trenes todavía atesoran un aire de nostalgia ¿serán las estaciones y grandes relojes?, ¿será que muchos tienen las paradas dentro de las ciudades?, ¿Qué no te despegas del suelo como los aviones? Desde niño siempre me han fascinado. Recuerdo que en Chiclayo cuando era un párvulo cerca de casa pasaba un tren y de ida al colegio pasábamos por la estación; era un tren de carga que llevaba cantidades de sacos de azúcar. En este viaje por Oporto habíamos planeado ir en el Tren Celta. Se llama así el tren que une las ciudades de Oporto y Vigo. De Oporto se sale de la estación de Campanhá y se llega a la estación de Guixar en Vigo, España. Salimos muy temprano y volvimos ese mismo día por la noche. La historia de esta ruta es que muchas veces lo han querido cerrar, pero la ciudadanía y las autoridades se han opuesto, y hoy sigue cumpliendo esa ruta que tiene sus inicios en el siglo XIX. Son casi dos horas y pico de viaje y vale la pena hacerlo. Es muy curioso que el paisaje urbano que se divisa desde el tren apenas cambia, pareciera una continuidad de un mismo territorio. A lo largo del recorrido no se observa banderas, salvo excepciones en instituciones públicas. Al paso se ve una antigua y abandonada oficina de aduanas en el lado portugués es un símbolo de lo que han sido las fronteras con la creación de la Unión Europea, hoy tan denostada por la falta de talento de sus autoridades. A lo largo de la ruta te topas con el mar, casi lo bordea, dando unos paisajes impresionantes. El día nos fue favorable, auguraban lluvia pero seguro que sería por la noche. Así que pudimos hacer a pie casi todo la ruta en la ciudad de Vigo. Tanto en el lado portugués y español, la gente era muy afable. En este viaje, en el paseo marítimo de Vigo, casi sin pensarlo nos topamos con una estatua a Julio Verne, estaba el escritor francés sentado sobre un pulpo, era en honor al escritor por situar a Vigo en sus viajes – Verne también imaginó un viaje en una jangada por la floresta pero los trópicos no están para lecturas ni para recuerdos. Paseamos por el centro histórico y desde ahí nos encaminamos al Monte del castro donde se puede ver la ría en toda casi toda su dimensión. La vista engatusa. Desde esta ciudad también salían barcos e inmigrantes para la floresta, en el período cauchero. Frente a Vigo están situadas las Islas Cíes, que es un Parque Natural que tiene unas espléndidas playas, pero ya el tiempo no daba para tanto. El tren de vuelta esperaba y con la promesa de volver.

Los seres humanos viven dentro y fuera de la historia. Esto es lo que los distingue de los animales no humanos. Hacemos historia en la medida en que resistimos a lo que la historia hace de nosotros. Vivimos lo que ya fue vivido (el pasado nunca pasa o desaparece) y lo que aún no ha sido vivido (el futuro es vivido como anticipación de lo que en realidad nunca será vivido por nosotros). Entre el presente y el futuro hay un hiato o un vacío sutil, que permite reinventar la vida, romper rutinas, dejarse sorprender por nuevas posibilidades, afirmar, con la convicción del poeta portugués José Régio, “no voy por ahí”. Lo que irrumpe es siempre una interrupción. La vida es la constante recreación de la vida. De otro modo, estaríamos condenados a la Rebelión en la granja de la que habla George Orwell, a vivir en el pantano de solo poder pensar lo que ya fue pensado.

http://blogs.publico.es/espejos-extranos/2017/07/15/para-una-sociologia-de-las-emergencias/

Rúas de Oporto

Publicado: agosto 6, 2017 en Uncategorized

Lo que más impresiona de Oporto es su centro histórico y el cruce de tiempos en toda la ciudad. Desde hace unos años hay preocupación por mantenerlo, por preservarlo. Es una bella almendra que en los días de verano están llenos de turistas de todo pelaje. Andan con la moda del selfie que realmente es preocupante. Toman fotos hasta de los lugares más banales para dejar testimonio en las redes sociales que anduvieron por allí. Son inagotables sus fruslerías y actitudes pocos cívicas (no tienen nacionalidad). Hay que dosificar la paciencia porque te topas cuando menos esperas con estos bípedos. Es una ciudad de muchas subidas y bajadas (me recordaba Nauta), hay que estar en forma. Por sus calles uno encuentra ecos de varias ciudades: como Bahía de Todos los Santos en Brasil –la zona de Pelourinho y Río Vermelho (hay un elevador como el Lacerda), algún rincón de Manaos que está por el Teatro de la Ópera, las todavía edificaciones caucheras en Isla Grande (en esa isla perdida de la floresta peruana son tan tontos que derriban el patrimonio arquitectónico sin pudor). Las construcciones de algunas casas, en las ciudades citadas, se parecen mucho en su diseño y sus ornamentos como es el caso de los famosos azulejos portugueses. Inmediatamente te trasladas a esos lugares. Uno camina con esos retumbos en la cabeza por sus rúas. De repente cuando menos espera te topas con un antiguo tranvía. Es como si el tiempo de antaño volviera por unos minutos por la ciudad. Es un remojo de nostalgia, de saudade, de morriña (en gallego). Por eso decía que Oporto es un encuentro de las aguas del tiempo. Por donde uno camina por el centro de la ciudad el faro es la Torre dos Clerigos, un bello edificio del siglo XVIII. De cualquier punto de la ciudad se puede mirar. La ciudad es un misturado del presente, del pasado y del turista – que anda a su puñetera bola husmeando todo y sin valorar lo que se encuentra, dándote codazos si puede. Recordaba que el filósofo Santiago Alba señalaba lo devastador que puede ser el turismo, y lo es (el capitalismo lo pervierte todo hasta el sexo, me decía un amigo con tristeza). Así llegamos al puerto donde con buen día luce a plenitud. Oporto mira al mar.