Vivimos de ausencias porque nadie está totalmente de cuerpo presente.
Joan- Carles Mèlich

Era una muchacha de una turbadora belleza, y talento histriónico, tanta que la floresta la alejó para que todos la pudieran conocer y que no se perdiera entre los tallos de los árboles. Ofelia había nacido en Iquitos, Perú, ¿habrá escuchado los pássaros y los cuentos de la maraña? Desde ese punto perdido del mar verde navegó hasta la Ciudad de México. Muy joven partió de Lima (esa Lima cateta como es hasta hoy) ligera de equipaje. Fue un lungo viaggio. Su vida la conocemos a pedacitos y la reconstruimos devotamente a través de sus películas. Un día como hoy falleció en Ciudad de México, 16 de junio 1983.

P.D: Si mal no recuerdo la foto que acompaña a esta apostilla es una escena de “El Ángel exterminador”.

Dietarios

Publicado: junio 15, 2017 en Uncategorized

Una de los modos de hacer narrativa son los diarios. No los clásicos diarios de personas o famosos que reflexionan y anotan circunstancias de su vida diaria, no, me refiero a los de trabajar la ficción a través de ellos. Los diarios de Franz Kafka es uno de los más interesantes o el de Ana Frank para citar algunos. Recuerdo que en la primera novela que publiqué en una de las partes de ella se introducía unos diarios y las apostillas eran que era una autobiografía de mi parte, nada más alejado de la realidad. Era una voz más propia del personaje, es que el diario te da esa licencia de sumergirte en la soledad e intimidad del personaje. Me viene a la memoria algún cuento de Alfredo Bryce donde abordaba el relato a través de un diario. En estos días estivales de primavera me empapé en “Diario de un mal año” de J. M. Coetzee, una gran novela desde el punto de vista formal y de contenido. El protagonista escribe unos ensayos para una publicación y para ello acude a los servicios de una secretaria. En los ensayos (que también es una forma de abordar el relato) aborda diferentes temas de actualidad y, paralelamente, narra la relación con su secretaria y el novio de esta. Desde lo formal, lo hace en una misma página dando la grata sensación de una ruptura de tiempo y ritmo de la novela a contrapunto. Así se digiere mejor los metafísicos ensayos para cualquier lector o lectora. También por esos días leía el lúcido libro de Enrique Vela- Matas “Dietario voluble”. Me parece que este escritor español es uno de los que más reflexiona sobre el fondo y en la forma de la novela en estos tiempos desnortados. Su formación humanista es descomunal dotándola de equilibrio a su acerada prosa. Lo interesante como Coetzee, Vila Matas reinventa el relato través de estos diarios, crea al protagonista confundiéndolo con él, ese despiste a posta es un gran mérito. Es uno de los escritores más sobresalientes y atrevidos que he leído en estos tiempos. Aprovecha de los diarios para dar una vuelta de tuerca a la ficción.


Josef Hader protagoniza ‘Stefan Zweig: Adiós a Europa’

http://elasombrario.com/vias-de-escape/stefan-zweig-en-brasil-el-pais-del-futuro/

El sentido de pertenencia (tres)

Publicado: junio 13, 2017 en Uncategorized

Los viajes y desbarajustes de las maletas los tengo asumidos desde muy temprana edad, te sacan de la zona de confort. Los viajes son parte de la huella familiar. Esos nos han hecho atracar en varios puertos y destinos. Unos más acogedores que otros. Te hacen desarrollar cierta empatía con las personas que te rodean, encontrar la clave o el encaje justo. Es una cartografía de viajes que viene desde muy lejos. A lo largo de estas largas marchas quien nos alentaba sobre la floresta y sus ideas utópicas era mi padre. Es un enamorado ferviente del bosque y sus ríos. Recuerdo que una vez para mi cumpleaños, cumpliría los cincuenta, viajé de Madrid a Lima por una actividad laboral y de paso iba a coincidir con el cumple, y él, que entre ceja y ceja quería volver a su tierra, lió bártulos junto con mi madre y me abandonaron días antes del onomástico, primero era su tierra era el mensaje implícito que me dejaba. Así es él. Lo tenemos internalizado. Pero al margen de esta anécdota que lo pinta de cuerpo entero, él alimentaba esa devoción con el bosque, así él nos (a mis hermanos y yo) proveía de ese sentido de pertenencia a pesar que estábamos alejados del bosque. Sus utopías que muchas veces no coincidimos porque me parecen quimeras, sin embargo, la discutimos fervientemente. Así él desde la lontananza alimentaba ese sentido de pertenencia, de ser amazónico o amazónica. De tener un pensamiento descentrado, marginal pero no marginado. Quizás inconscientemente nos alimentó esa cercanía al bosque, a sus gentes, a criticar la torpeza de sus autoridades, a combatir la indolencia. Por eso siempre he pensado que el lugar de nacimiento es un accidente, todo depende que desarrollemos ese sentido de pertenencia. Uno puede haber nacido en el centro de la selva y no despertar ese sentido de pertenencia con el bosque, con sus poblaciones, con nada. Esa sensibilidad se adquiere. Se desarrolla. Revisando mi CV de viajes observo que he pasado más tiempo fuera de la floresta que dentro de ella, aunque soy consciente que soy amazónico, es más, escribo sobre la Amazonía, y eso se lo debo a mi padre, a la familia, a los patas. Me parece que la cualidad de ser amazónico nos hace desarrollar una aproximación descentrada (y porque no, torcida) de un país asfixiantemente centralista y con poca memoria.


ALBERT JÓDAR

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/ian-mcewan-entrevista/?id_externo_rsoc=FB_CM

El sentido de pertenencia (dos)

Publicado: junio 11, 2017 en Uncategorized

La pregunta metafísica ¿qué es ser charapa? También abarca otros temas como la identidad ¿Qué nos identifica como amazónicos?, esta pregunta tiene muchas aristas. Hay varios rasgos y depende donde estemos. De los rasgos más urbanos hay uno que se ha vuelto casi un tópico que señalan qué somos alegres y pachangueros. Es una regla que tiene tantas excepciones que se rompe en el primer paso, como en mi caso, no soy la alegría de la huerta y bailando soy patoso, desorejado y torpe ¿por eso dejo de ser amazónico? Otro rasgo señalado es que somos hablantines – a veces, en exceso que se nos va la lengua o floreamos con gran facilidad, en mi caso hablo poco y parcamente ¿pierdo mi identidad amazónica ante esa falta de verbosidad tropical? Por eso habrá, como todo en la vida, que ponderar esas señas. A todo esto, hay una muesca amazónica que no admite duda, es aquella que nos señala que gozamos como enanos de la bulla, lo puede comprobar cualquiera en un día normal. En cambio yo huyo de la bulla, mi experiencia de vivir en la primera cuadra de la calle Putumayo, a unos pasos de la plaza de Armas, fue sentir el veneno del ruido en mis propias carnes. No a todos nos gusta la bulla. Otro rasgo muy simplón por lo superficial, y muy extendido, es que los de la selva somos seres hipersexualizados. Que todo el pajolero día pensamos o hacemos del sexo nuestro modo de vivir, estamos al dale que te pego. Nada más alejado de la realidad, el sexo ocupa un lugar como tantos otras preocupaciones en los habitantes de la selva. Las puñeteras mentes calenturientas de los viajeros o afuerinos han pesado mucho en este tópico que tiene una larga sombra. Este es un sambenito que cargan las mujeres amazónicas de parte de seres que viven una sexualidad reprimida, mojigata y sin libertad – siendo, a su vez, una muestra de machismo a la enésima potencia. Otro signo de ser charapa urbanita es que nos deslumbramos hasta cegarnos con lo que viene de afuera, mostrando nuestro gusto voluble por todo. Pero estos tristes tópicos son parte de esa elaboración o construcción social sobre los amazónicos o charapas de perfiles urbanos que en verdad son solo eso, tópicos. Una generalización absurda. Seguro que estos perfiles no encajarían en la población rural, indígena y de otros mundos culturales de la floresta. Entonces ¿Qué es ser charapa?


La escritora Clara Obligado. Foto: Manolo Yllera.

http://elasombrario.com/clara-obligado-escribir-conseguir-exito/