Archivos para enero, 2013

El diplomático discreto

Publicado: enero 31, 2013 en Uncategorized

Juanjo

Entre los valores relevantes y destacables de quienes ejercen la diplomacia como profesión están la discreción y persuasión. Diplomático que habla y oferta mucho no me fío de él. Un día de 2011 a raíz de la publicación de mí novela “El búho de Queen Gardens Street”, me llegó el e-mail de Juan José Plasencia Vásquez, me dijo que era de Iquitos y trabajaba en la Embajada de Perú en Madrid y me ofrecía la presentación de mi novela. Sin más. Me quedé asombrado de su buena fe y disposición. Un hecho ajeno a la mezquindad, vicio desgraciado que abunda en muchas personas y sitios. Desde entonces la novela adobada por el azar del encuentro con este diplomático discreto ha transitado por diferentes lugares en España. Lugares de paso casi todos de gran simbolismo como es el caso de Valladolid [por nuestro pasado agustiniano de Juanjo y el mío] y de la ciudad de Trujillo donde salieron los navegantes que redescubrieron el Amazonas y parte de la floresta. La península se inundó de selva por unos segundos. Para la presentación de la trilogía “El insomnio del perezoso” [que incluía la novela del niño Uitoto llevado a la calle Queen Garden Street en Londres] la persuasión de Juanjo jugó en papel importante, él hizo los contactos con el Museo Nacional de Antropología y con los resultados concretos avanzábamos – confieso que por un momento estuve en el limbo de sus noticias hasta que un buen día anunció que todo caminaba sobre ruedas. Él es de los aliancistas [y también madridista, en ambas elecciones coincidimos] que muestran logros y no sólo lamentos, ni pésimas excusas. Pero una de las cualidades de este diplomático prudente es que rezume de floresta las veinticuatro horas del día, apenas mencionas Amazonía sus ojos le brillan, la sonrisa le cambia. Hay un halo de nostalgia del bien perdido. Con personas tan diligentes y sensibles como él la floresta puede dormir tranquila [y sin pesadillas] porqué estará vigilante de cualquier acoso o saqueo.

[En la foto Juan José Plasencia es el primero de la derecha, de traje y corbata]

La música del azar

Publicado: enero 30, 2013 en Uncategorized

Muestra trujillo

La música del azar y la historia se enlazan en cada recodo del camino. En Iquitos, Perú, vivía en una calle de nombre Trujillo y en esta oportunidad, las fotografías testimoniales del caucho me traen a la ciudad de Trujillo, Extremadura; cuna de Francisco Pizarro. Sí, es la ciudad donde nació Francisco de Orellana, Fray Gaspar de Carvajal quienes se impregnaron de selva y bautizaron a un río caudaloso y del grosor de una inmensa anaconda con el nombre de Amazonas. Nací a unos metros de ese río en la casa de mi abuela Natividad. Es así que por unos instantes el tiempo y la historia se han anidado en la memoria: las coincidencias de peregrinos del pasado y del presente, las imágenes de la floresta, el río Amazonas. Trujillo es un cruce de caminos.

La memoria visual del siglo XX ha sido la fotografía. Desde su invención ha testimoniado lo que ocurre en el mundo y en nuestro pequeño mundo. Casi nadie escapa a la tentación de hacer un clic de la cámara fotográfica. Se dispara a casi todo, no hay lugar inmaculado.

Esta premisa de la memoria visual fue usada para denunciar los crímenes de integrantes de pueblos indígenas en la zona del Putumayo, Perú. Fueron muertos por la codicia empresarial para explotar el caucho o goma blanca más allá de sus límites ante la demanda de la industria del norte económico. Cuando salieron las primeras denuncias sobre esos repudiables hechos el diario donde se publicó hizo unas viñetas de esos tratos crueles, la imagen era el referente. Curiosamente, la palabra urgía un aliado y ese cofrade perfecto era la imagen, y mejor la fotografía en blanco y negro.

Esto lo entendieron muy bien los y las denunciantes [como Miguelina Acosta, primera jurista amazónica] de esos asesinatos que mostraron cuerpos mutilados de indígenas y los que alegaban a favor de los caucheros, del progreso. En esta oportunidad a través de la muestra vamos a aproximarnos a una de esas voces, de los que estaban a favor de los caucheros. Ellos al muñir su defensa contrataron a un fotógrafo para que recorriera las estancias caucheras y fotografiara. El encargo era troquelar un argumento contra ese pesado zurrón y leyenda negra que cargaban. El autor de estas fotos se llamaba Silvino Santos, portugués de nacimiento y brasileño de adopción, además era familia política del cauchero Julio C. Arana. Santos fue uno de los pocos que logró filmar imágenes en esas estancias donde se explotaba el caucho. Lamentablemente, la cinta que guardaba esas imágenes se perdió en el fondo del océano.

La idea pergeñada era transmitir a través de las imágenes que los hechos denunciados no eran tales. Que en los centros de explotación del caucho se vivían pacíficamente y en armonía: caucheros, indígenas y el bosque. Ustedes podrán ver a mujeres indígenas de largas cabelleras mirando atentamente a la cámara, con cierto candor y sin sospecha alguna, como obedeciendo a las indicaciones del fotógrafo.

Como sabemos, las fotografías son arbitrarias. Tienen una intencionalidad la del fotógrafo o de quien hace el encargo. Recordemos las imágenes de W. Eugene Smith en Deleitosa por los años cincuenta en Extremadura. Estas fotografías de la muestra no escapaban a esa intención. Buscaban sanear lo que se dijo de ellos, un make up. Por eso recomiendo que sean “espectadores fisgones”, y vayan más allá del retrato que observan, que detrás de esta primera lectura tengan una segunda, y recuerden, que en el Putumayo se derramó mucha sangre que hasta ahora recuerdan los caciques Uitoto cuando se mambea, mastica, las hojas de coca en la maloca. Así tendrán una lectura más ponderada de lo que miran.

Estas y otras imágenes del período cauchero me espolearon para escribir una trilogía “El insomnio de perezoso”, donde se aborda el problema y dilema moral frente al sufrimiento ajeno. Desde la voz de un indígena racional como así llamaban a los indígenas mestizos hasta la romería detrás de un niño Uitoto que fue secuestrado y llevado a Londres para que estudiara en Oxford. Uno de los consejos es que debemos de librarnos de esa permisiva zona gris de falso estoicismo y denunciar el paso de las líneas rojas. Al cual no debemos ser indiferentes ni indolentes.

Finalmente, agradecer a todos y todas por venir a conocer un trozo de historia de la selva. Seguramente, los espíritus de Orellana y Carvajal esbozarían una sonrisa por este testimonio del trópico húmedo. Muchas gracias.

* Reseña que se leyó en la ciudad de Trujillo, Extremadura, España para la muestra fotográfica “La Amazonía peruana y el caucho. Imágenes de una época”, el 31 de enero 2013.

El editor

Publicado: enero 27, 2013 en Uncategorized

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Cierta vez visitó la redacción un muchacho tímido. Todos los miraban, iba de jeans y una camiseta blanca con un logo anarquista y con aire algo despreocupado. Hablaba poco, lo justo. Preguntó casi para dentro por el jefe- editor. ¿Qué quieres? Lo repitió en voz más alta. Ahhh, siéntate y espera que ya viene, le dijo la secretaria, la cuñada del mandamás. El jefe o el puto jefe como le llamaba “El Sisurro”, Brooklyn Pipa, se llenaba la boca y fantaseaba que era una editorial seria y con toda ley. Era una imprenta donde se editaba calendarios de chicas con los pechos de silicona, dietarios para concejales y alcaldes, imprimían folios con membrete a diferentes municipios del archipiélago pero para el pobre dueño era una editorial como dios manda. A veces publicaba obras literarias y ya editadas las guardaba en una lúgubre habitación donde se leía: Almacén. Con los textos impresos el mentado editor tenía un paradójico afecto, no sabía si amarlos u odiarlos pero no los quería junto a él. Definitivamente él no amaba a los libros, simplemente los imprimía sin más, los textos mal editados y sin fe de erratas pueden dar fe de ello, era incapaz de reconocer un error, era de otros y no de él. Nunca hizo una reseña de la contra carátula como manda los cánones editoriales, le daba pánico escénico y el temido atasco de la página en blanco, sudaba y renunciaba a pergeñarlos. El imberbe escritor tocó la puerta de la imprenta por las referencias e insistencia de un amigo y viejo periodista porteño, dile que vas de mi parte. Él bisoño literato luego de cincelar la palabra se afanó en terminar un libro de cuentos. Le costó sudor y autocrítica feroz. Sus patas del círculo más íntimo leyeron esas historias y le dijeron que no estaban mal, eso le animó a buscar que le publiquen. El editor, una persona regordeta y que andaba de guayaberas beige para arriba y para abajo, andaba metido en mil negocios o chanchullos de renta rápida, hijo, de los libros no se vive, lo comentaba con deshuesada solemnidad. Así que vendía colecciones de enciclopedias y era informante político con una columna en un diario local, eran noticias sin contrastar, es decir, se pasaba por el Arco del Triunfo el libro de estilo, son repulgos de empanadas. Era la quinta vez que iba a verlo y nunca acudía a la cita, deducía que su vida era un caos que sólo él la entendía, y cuando llegaba a la cita pactada aducía que estaba apurado y con un turrón que neutralizaba a los mosquitos que merodeaban la oficina. Este amigo quien le recomendó le espoleó que no desistiera y no se diera por vencido fácilmente, quien llora mama, le soltó el chascarrillo. Era una persona atípica rezongó para eximirlo de responsabilidades, se olvidaba de sus promesas volátiles como es la regla de oro de quienes editan libros en el marzal, le apostilló con congoja y resignación. Sí, sí. A la sexta vez luego de esperar tres horas y con el eco de los jugos gástricos, se levantó y se fue sin despedirse mientras la secretaria hablaba por el móvil y mandaba mensajes por el wassap a sus amigos. Tomó un destartalado motocarro por dos soles y se encaminó hasta el malecón. Observó que el río color del jugo de ungurahui había crecido y a lo lejos se divisaba dos palafitos con techo de irapay. El andaba metido en un bucle de rabia y felicidad. El guirigay de los motocarros y el desbarajuste del tráfico ornamentaban la viñeta tropical. En su bolso cargaba con los folios del original de los cuentos y un pendrive. Desde la orilla los arrojó sin pena a las aguas del Itaya. Se sintió la persona más feliz de la tierra.

Ejemplaridad pública

Publicado: enero 24, 2013 en Uncategorized

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En estos tiempos de austeridad la ejemplaridad pública debió gestarse en el Congreso de la República, pero fue todo lo contrario. Ganó la insensatez. Se comportaron como personas muy insensibles al clamor popular. Mientras varios colectivos de profesionales solicitaban aumentos de sus remuneraciones el Congreso hizo caso omiso y contrariando el sentido común se aumentó los gastos de representación de una manera exorbitante ¿? ¿Piensan ellos que ocupar una curul parlamentaria es tener un poder omnímodo? Era de locos. Quién accede a un cargo público por elección debe saber desde antes que tiene una doble misión. Primero, no es sólo cumplir la ley con celo y rigor sino también, y es lo segundo más importante de su misión, de predicar con el ejemplo, más si las leyes promulgadas nacen de su ejercicio de servicio al país, eso presuponemos. Se les ha elegido no sólo por sus virtudes personales y cívicas [si la tienen, espero que sí] si no también para que sean ejemplo de cara a la ciudadanía. La actitud de los legisladores estuvo lejos de ser paradigmática, por el contrario, se comportaron como los dueños de una hacienda o un fundo, así no se gobierna. Lo más penoso fue ver a un amazónico como presidente de ese poder del Estado atrapado entre dos fuegos cruzados y sin mucho que decir, grave y trágico error de una autoridad [no es sólo salir en las fotografías con otras autoridades como facilitador de trámites burocráticos]. Alguien decía refiriéndose a la labor legislativa, “menos leyes y más buenos ejemplos”, más en un país que viene de posconflicto armado interno y de grandes casos de corrupción que envilecieron la vida social. Deberían ser celadores del bien público y del gasto del erario nacional. En este caso los congresistas peruanos muy ufanos y sordos actuaron autoritariamente, fortaleciendo prácticas prepotentes. “Me importa un comino lo que diga la gente, el aumento se hace”, parecieron decir. Felizmente dieron marcha atrás por la presión popular, el cotilleo es que lo hicieron a regañadientes y mal encarados. A la ciudadanía le queda estar como Diógenes con las antorchas encendidas y los ojos bien abiertos.

Tánger 4

Publicado: enero 22, 2013 en Uncategorized

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Entre las razones para la inmersión en la Ciudad Blanca estaba el rastro de los beat generation. Cuando leí los poemas y novelas de estos escritores me dieron la sensación que anticiparon el cansancio de la sociedad occidental, buscaban afanosamente nuevos horizontes que en los cánones de Occidente estaban caducos y Tánger por esa carga histórica podría ser uno de esos lugares. Era un posible faro que vislumbraban. Aquí en este puerto de vientos y mares de fondo, vivió Paul Bowles durante una larga estancia junto a su esposa, es por eso un paso obligado ir a la Delegación Americana, hay una habitación homenaje a este escritor norteamericano y allí se puede encontrar un testimonio del escritor Rodrigo Rey Rosas sobre este, Bowles y Yo, edición en castellano y en árabe. Está hasta la máquina de escribir donde pergeñó sus novelas y cuentos, se parecía a una máquina Olivetti que me regaló mi padre en el primer año de la universidad. Las referencias del vestigio beat además de ese mundo pluricultural que se palpa en Tánger estaban en los lugares donde ellos se reunían como es el caso del Hotel El Muniria – el hotel no pasa por su mejor momento, parece abandonado, apenas hay una ventana semiabierta. Hay una palmera que nos sirve de referencia. Aquí se tomaron la célebre foto donde aparecen todos de pie y con miradas a diferentes lados. Así en este peregrinaje también visitamos el Hotel Continental, muy cerca del puerto y actualmente en rehabilitación. Y los diferentes cafés que frecuentaban como el Café Central, Café Paris. Tengo la sensación que entre la Medina y el espacio más occidental de esta ciudad es un espacio mangle, allí pervivían estos escritores con sus ingenios y sus locuras. Es un estuario de aguas dulces y saladas. Ellos se nutrían bebiendo de esos mares de historias y leyendas como los bufeos colorados.

Tánger 3

Publicado: enero 20, 2013 en Uncategorized

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Enero es uno de los meses, según la guía de viajes, de los más fríos de esta ciudad. Se sentía ese viento marino que te penetra por los poros y hay que abrigarse [en la habitación se escuchaba el ulular del viento]. Del aeropuerto a la ciudad se advierte la construcción de nuevas urbanizaciones, quieren dar un nuevo empuje a la ciudad y que vuelva a ser como antes: cosmopolita, intercultural y artística. El Hotel Dar Chams Tanja quedaba en la alcazaba, es decir, dormíamos inmersos con la historia. Era el lugar más fortificado y que servía de defensa contra los invasores, en muchos de sus rincones todavía encuentras cañones mirando hacia el mar, una pena que estén algo descuidados. La medina es un gran laberinto. No hay un orden lógico, o sí existe, ignorábamos Sonja y yo. Una vez por darnos de valientes luego de dar una enorme vuelta volvimos al mismo lugar de partida, nos reíamos de impotencia. Son recovecos difíciles de descifrar. En la ciudad prevalece la vegetación, dentro de mí pensaba encontrar un paisaje del desierto, nada más equivocado, muchos árboles. Esa tarde nos encaminamos hacia el cementerio judío, Cimetière Juif de Tanger. Es muy curioso. Las tumbas están abigarradas, hay que hacer malabares para no pisarlas pero dentro de él se goza de gran paz y sosiego. Husmeamos casi todo el camposanto leyendo lápidas, es que son retazos de historias. El camposanto está muy cerca del mar. Muchas de las tumbas miran al otro lado de la ribera [balbuceaba que este viaje es una romería en que devuelvo la visita a esos judíos de entonces, un amazónico volviendo a uno de los puntos de la historia de la floresta] ¿Miraban con nostalgia a Sefarad [España]? ¿Era la morriña del finado o de los deudos? No sé, pero salí cargado de preguntas e imaginando historias ¿Qué les hizo cruzar el charco?, ¿Nuevos derroteros?, ¿Qué les encantó de la selva?, ¿Por qué se quedaron en la selva hasta casi vaporizarse? En estas mismas calles hay huellas de Ginsberg, Bowles, Bourrougs y la volvemos a pisar.

Tánger 2

Publicado: enero 17, 2013 en Uncategorized

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A una hora de Madrid por avión, a tiro de piedra, estás en Tánger, norte de África. A España y Marruecos le separan catorce kilómetros, de un lado se mira a la otra costa. La mente y emociones se llenan inmediatamente de visiones, lecturas, historias. Pero para mí Tánger siempre será de color naranja, me recuerda a las tanjarinas [tansharinas] de mi infancia en la huerta de mi tío Pedro Seabra. Los árboles se orlaban de color naranja, claro, por los frutos. Cuando tocas el suelo de Tánger la luz parece iluminar hasta lo más ignoto del paisaje. Hay mucha claridad, me recuerda a Túnez [esa luminosidad inspiró a Kandinsky]. Es un puerto que mira al mar y tiene un continente de historia. Fue en su momento una ciudad internacional y uno de los santos lugares de los beat generation. Se le conoce también con el nombre de Ciudad Blanca por el color de las fachadas de sus casas. Con este zurrón de historias sobre mis espaldas a mí me motivaba la ida Tánger por la huella judía amazónica [en la zona judía de la ciudad las construcciones se parecen, y mucho, a Iquitos de la parte histórica o lo que queda de ella por la ceguera de sus habitantes y autoridades]. Una vez expulsados en 1492 de España muchos judíos se vinieron al norte de África, y escogieron este puerto que goza de un buen clima. Los sefarditas afincados en esta ciudad tuvieron mucha influencia, y legitimidad, en la vida y desarrollo de Tánger. Así a principios de siglo un grupo de ellos por diferentes intereses y razones cruzaron el charco que les separaba de América y se vinieron a Brasil y Perú, y en este último país, concretamente, a la ciudad de Iquitos. Empezó allí la aventura americana. Nos hospedamos en el Hotel Dar Chams Taja cuyos dueños poseen una gozosa amabilidad, Michelle y Dominique, y en su biblioteca encontré las memorias de un tangerino de 1935, Isaac Laredo, y en sus anexos acompañaba una foto de color azafranado con la sumilla siguiente: Colonia de tangerinos en Iquitos (Perú). De pie de izquierda a derecha: D. Abraham Labós, D. León Bentés, D. Moses Bendayan, D. Moses H. Toledano, D. Benjamín Cohen y D. Jacobo Toledano. Sentados de izquierda a derecha: D. Joseph Toledano, dos niños, Doña Hanna Nahon de Toledano, D. Miguel Bendayan, D. Salomón Coriat y D. Moses I. Nahon. Fue el pistoletazo de salida de la visita de vuelta.