
Foto: Trimezia northiana o Lirio caminante, huerta de Melita Donayre Pinedo.
Con el estío de extremo calor en este lado de la península, me puse a releer «Tristes trópicos» de Claude Levy –Strauss, es una suerte de diario de viajes, apuntes etnográficos, dietario, de su paso al interior del Brasil. Hace años lo había leído fragmentariamente. Fue publicado en 1955 y sus apuntes son de alrededor del 1938. La periodista brasileña Eliane Brum recomienda leer este texto para ponernos en contexto de esa parte de la Amazonía continental.
En la lectura me encontré con un sabroso apunte que lo comparto. El etnógrafo Levy –Strauss luego de convivir con los nambiquara apostilla sobre hombres, mujeres y jefes. Me importa comentar, resumidamente a riesgo de caricaturizar, de los jefes en este grupo nómada. Señala que ser la cabeza de este pueblo no es una empresa fácil. Quien lo hace tiene que hacer pasmosos esfuerzos para tener contentos al resto de los integrantes. Debe ser generoso. Ser un buen cazador y cazar para el grupo, prever lo que se pueda venir en tiempos de escasez o falta de lluvia y él debe encontrar las posibles soluciones, casi no duerme. Hacer mil cosas para que la gente no se aburra. Debe saber mantener y conservar su jerarquía. La supervivencia del grupo, prácticamente, se lo debe a él. Si no cumple con los deseos del «soberano» este debe abandonar el liderazgo. En compensación a esos arrestos al jefe se le permite la poligamia. Levy –Strauss comentaba, seguramente jocosamente, que esa liberalidad no le compensaba por los otros esfuerzos para ser el jefe.
Al leerlo me dije que los nambiquara nos han dado una lección de democracia. Sí no estamos satisfechos por quienes nos mandan, debemos exigirles que renuncien ipso facto. En los actuales momentos aciagos que vivimos en Perú ¿no sería conveniente que quienes detenten el poder renuncien por incompetentes y corruptos? La promulgación de la ley de amnistía es la gota de agua que ha rebasado el vaso. Espero que la ciudadanía despierte del letargo.








