Ladrón de libros

Publicado: mayo 18, 2022 en Uncategorized

El título de esta apostilla presta el título a la película de Vitorio de Sica «Ladrón de bicicletas», Isla Grande es una ciudad de contradicciones. Es una de las ciudades donde se lee poco o a cuentagotas, pero se realiza una Feria del Libro con chorros de amnesia. Sin importar la reflexión sí las políticas alrededor de los libros y de ganar lectores están dando los objetivos buscados en la región. Quizás la feria del libro sea una expresión, instrumentalizada, de la carencia de esta política y ojala, tenga el efecto, espero que sea así, para espolear a los decisores políticos de implementar políticas librescas o a las lectoras de exigir una adecuada y oportuna política alrededor del libro. Añadir, que en una región como la Amazonía se precisa no solo activar una política del libro si no también fortalecer el caudal de la rica y variada narración oral. Duro reto que tenemos que afrontar. Pero para no desviarme del título de la crónica, en ese océano de paradojas en que nos enredamos, en este páramo de la lectura también tenemos, un personaje pintoresco, casi de vodevil trágico, como es el ladrón de libros. En un primer momento, dije que es una broma de mal gusto. No, no, me dijeron, existe en la ínsula y con un currículum muy holgado de haber birlado libros. No entraba en mis entendederas que con las bajas cifras de lectura en la región, con una inexistente política de libros, con bibliotecas famélicas exista un ladrón de libros, pero, ojo, existe, son de carne y hueso. No tiene un perfil definido. Por ejemplo, me comentaron, es una persona aparentemente común y corriente que presta un libro en una biblioteca y no lo devuelve nunca más. Hace las de Villadiego. O tiene una red de amigos, en las pocas bibliotecas de esta parte del palustre, y en complicidad, hurta furtivamente los libros de las estanterías ¿Qué libros hurta es personaje? Me comentan que depende, por lo general, son libros que tienen que ver con la memoria histórica de la ciudad o ejemplares casi inéditos en esta parte del marjal; detrás de este acto hay un egoísmo supino con gotas de narcisismo. Este es el libro y solo mío, parece balbucear ¿será como aquellos ladrones de cuadros importantes que gozan deleitándose en la intimidad y la autocomplacencia? Este o estos personajes están merodeando bibliotecas públicas y privadas, no hacen ascos a nada. Como trabajo con la ficción, me ha fascinado este personaje de los humedales, estoy en su búsqueda y documentándome. En un contexto, de la floresta, que aparezcan estos pillos de los folios impresos es para citar ese viejo dicho: éramos pocos y parió la abuela.

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2019/09/13/5d7a8841fdddffc9538b468c.html

Un gran contrapeso de lo que cuenta el poder es la literatura, la escritura. Es un trabajo de ir contra la memoria que se quiere imponer. Seguramente, no es un trabajo fácil en el palustre. Está lleno de incomprensiones, vacíos, codazos y zancadillas. Una señal de esa narrativa del poder es cuando en ciertos sectores de la población, interesadamente, digan —teniendo gran repercusión y apego fácil, que Isla Grande es Isla Bonita. Hubiera que preguntarles ¿Es una Isla Bonita con monumentales señales de desigualdad y pobreza que los dirigentes políticos ignoran?, ¿Esas palabras son un bálsamo ante la brutal realidad de la que vivimos?, ¿Acaso es para adormecernos y apaciguar o mermar nuestra indignación? Cualquier observador, propio y ajeno, sabe que no es una Isla Bonita, es una isla, sí, pero no bonita. Si nos dejamos llevar por las estadísticas comparativas salimos perdiendo. Es por eso, que debemos estar atentos a esas palabras que buscan aletargarnos, son parte de un relato mayor. No es la mejor manera para construir un relato por la emancipación, por la igualdad, a favor del bosque, a sus integrantes ancestrales y a los que llegamos después. Otras palabras manidas, entre las muchas, es cuando señalan que Belén es la Venecia de los trópicos. Son comparaciones y nominaciones que no nos ayudan, tratan de resignarnos, que agachemos la cabeza. Quien lo dijo no ha estado en el día a día de Belén ni tampoco en el de Venecia. Ambas apelaciones y comparaciones a la Isla Bonita o Venecia, son parte de esa narrativa que tratan de imponer desde el poder a favor del descepe de la floresta, de la escritura que se complace en contar historias inanes de fantasmas y brujos. Estamos avisados, dudemos de las palabras recargadas y deshuesadas.

El relato hegemónico sobre el progreso de la Amazonía a través del descepe del bosque y de la población bosquesina, para usar un concepto de Jorge Gasché, contribuyó a la poca empatía con la maraña y con los bosquesinos originarios. Los amazónicos y amazónicas somos pocos sensibles a la defensa del bosque y a los que viven en él; los conceptos de ecología, ecofeminismo, por ejemplo, nos producen alergia y nos dan un repelús morrocotudo. Es un relato duro (y facilón) el del descepe del bosque, que ha impregnado como el teflón en los sartenes en la mente de los amazónicos y amazónicas. Es por eso, muy interesante reflexionar como el poder intenta contar la realidad, que nos decía Piglia. El poder no se aplica a machamartillo, necesita con urgencia de un relato. La tarea a emprender es hurgar la escritura en el palustre, seguro que nos traerá más de una sorpresa. A modo de ejemplo de esta narrativa, en los años noventa, con Fujimori en el ejercicio del poder, el relato que trataba de imponerse era la aplicación de las políticas de shock (Mario Vargas Llosa como candidato contribuyó, exponencialmente, a esa manera de contar) y la mano dura contra el terrorismo, que eran sus principales ejes de su discurso que salvarían al país. La aplicación de las políticas de ajustes lo sufrió la población peruana que significó el “adelgazamiento” del Estado, que en el fondo era menos recursos en educación y salud, desgraciadamente, fortaleciendo a construir un país más desigual. En el plano de la mano dura, que era contra el terrorismo, se tradujo en: jueces sin rostro, el intento de retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, su máxima expresión del relato de la mano dura. Esa era la narrativa que se trató de imponer desde el poder. Los crímenes de La Cantuta y de Barrios Altos fue el resultado de esa poderosa (populista y desgraciada) narrativa de la mano dura, pero felizmente, ese discurso tuvo un relato contrahegemónico de parte de las víctimas, de la Iglesia, de las instituciones de derechos humanos, entre otros, que se opusieron a ese relato de la muerte y donde la ley era residual. Es por eso siempre preguntarse sobre la narrativa desde el poder, más en los tiempos convulsos de hoy. En el caso amazónico, la narrativa cauchera todavía, infelizmente, sigue vigente.  

Uno de los ingredientes más persuasivos de los textos de Ricardo Piglia es que logra fusionar la experiencia lectora, de escritor, de crítico literario y la experiencia vivida. Trenza estos ingredientes dándonos párrafos y textos realmente golosos. Por ejemplo, en una de las entrevistas que concedió señalaba: «Cuando se ejerce poder político se está imponiendo una manera de contar la realidad», añade: «el poder se sostiene en la ficción», al leer estas palabras saltaron mis alarmas. Como estoy interesado en el caucho mi memoria me llevó a esos años. Me preguntaba ¿Cómo se impusieron las narraciones en el caucho desde el poder? El descepe a los recursos naturales era el relato que más calaba en ese entonces, unido que esa explotación desmedida traería el progreso. No sólo esa explotación incluía a los recursos naturales porque los integrantes de pueblos indígenas también eran parte de ese descepe. Tan es así que ante las denuncias de las muertes en los periódicos de «La Sanción» y «La Felpa», de parte del periodista Benjamín Saldaña, pocos se inmutaron ante esas muertes. Cuenta el juez Valcárcel que en su propia casa tuvo de resistir y soportar la andanada de insultos de parte de la población que estaba a favor de Arana y sus amigos, lo que sería hoy se llamaría un escrache en toda regla. Ese es el relato y ecuación que más se impregnó en la población amazónica: el de la extracción sin límite de recursos naturales, es igual a desarrollo. Infelizmente, sobre este relato se sostuvo y sostiene el progreso de la Amazonía. Ha sido difícil el contrapeso de ese discurso para indicar que ese camino no ha sido el mejor. Esa propuesta de desarrollo lo que trajo y trae es un descomposición social en toda su dimensión. Eso ocurrió en el Putumayo donde no sólo murieron indígenas en manos de los capataces de los caucheros, si no que hubo gente indígena que también asesinó a integrantes de su propia etnia por las ansias de obtener el caucho tal como exigían los mercados internacionales. Desgraciadamente, ese relato el del supuesto progreso desflorando la selva es el que todavía pesa, una expresión de esto, son quienes se oponen a la firma del Convenio Escazú. Por eso hay que desmontarlo.

https://elpais.com/cultura/2019/09/16/actualidad/1568647674_424868.html

Los amantes extranjeros (2)

Publicado: abril 20, 2022 en Uncategorized

Estos días hurgaba en ciertos libros de viajeros que habían pasado por la ciudad insular y dejaron testimonios a través de sus apostillas. Unos con más reconcomio, otros con más apegos. Por ejemplo, el viajero Aurelio Miro Quesada, de fina prosa y zahorí, se paseaba por la ciudad por los años treinta. Decía este amante extranjero: «Fuera del jirón Lima, que es el más importante por su animación y su comercio, las demás calles de Iquitos son tranquilas. Las casas comerciales o las residencias particulares que hay en ellas, llevan una vida sin ostentaciones y sin ruidos» Encuentra Miro Quesada una ciudad tranquila y poco ruidosa —me llamó la atención cuando señalaba que es poca ruidosa. Muy diferente a lo que hoy es la ciudad bullanguera hasta ensordecernos ¿Cómo ha cambiado tanto? La ciudad boom que vio Miro Quesada ha cambiado drásticamente por los pendulares ciclos económicos y con un magro Estado que no ha respondido a la altura de las circunstancias. También añadir que uno de los retos mayores del Estado peruano ha sido la construcción jurídica (fallida) del mismo en el palustre. La vasta área geográfica, la diversidad del paisaje humano, el frágil ecosistema, no ha sido suficientemente digerida por el actor o los actores estatales. Por eso se traduce en políticas equívocas donde paga pato la florestanía (la ciudadanía de la floresta) y el bosque. Lamentablemente, los que gobiernan han sido miopes con lo que ocurre en la ínsula. Un viajero medroso, como Javier Reverte, de este siglo, señalaba sobre la ciudad: «Es ruidosa, más pobre que antaño, bullanguera y nostálgica de su esplendoroso pasado. Y todavía sigue queriendo ser francesa». Un viajero de paso, como Reverte, puede darse el lujo de soltar mayúscula superficialidad. Tengo la sensación que le faltó sumergirse en el contexto. No creo que Isola Grande todavía quiere ser francesa ¿Lo fue alguna vez? Lo que uno advierte desde hace un buen tiempo, disculpen la franqueza, es que la ciudad está gobernada por ineptos que no han sabido leerla quedándose, lamentablemente, en la superficie (cuando digo gobernada, para referirme a las instancias de poder local, regional y nacional, suman un cóctel de ineptitudes). Es por eso, que sus males persisten y agudizan, dando esa imagen, y realidad, que es una ciudad que ha perdido el norte.

«Los amantes extranjeros» (1)

Publicado: abril 13, 2022 en Uncategorized

El título de esta crónica presta a un libro publicado por una periodista española donde recopila las opiniones de los viajeros extranjeros sobre España, donde se recoge sentimientos cruzados sobre el reino, y ella, Ana Cañil, ingeniosamente, ha titulado la antología como «Los amantes extranjeros, llegando a concluir que España no es un país de mierda como muchos de sus coterráneos creen. Cañil compila opiniones de los guiris sobre este lado de la península ibérica, como cariñosamente, se les llama a los extranjeros, preferentemente, los caras pálidas. No creo que un extranjero turista negro le llamen guiri, al igual que a cualquier sudaca. Bueno, veo que me enrollo en el bucle identitario que luego no sabremos cómo salir. Pero, la idea de los amantes extranjeros me parece interesante para introducir en la floresta, con especial dedicación y llevando agua para mi molino, para Iquitos o Isla Grande. Es una de las ciudades en la floresta que ha sido el descanso para el viajero que ha proferido variadas opiniones sobre la citta. Como en la viña del señor, hay de todo y para todos los gustos. Recuerdo que hace unos días envié por watsap la opinión de Roger Casement sobre a cidade a unas amigas y amigos, lo comentaba en «El diario del Amazonas». Hubo opiniones desde el súbito rechazo a lo que dijo este comisionado irlandés hasta que lo apostillado era una verdad vigente. En todo caso, cualquier opinión sobre la ciudad, me parece, que debe servirnos para mejorar o enderezar sí algo estamos haciendo mal. Es como un espejo que nos refleja algunos aspectos de lo que somos, a pesar y resignación, de las arruguillas que aparecen del paso del tiempo. Pero muchas personas, lo primero que hicieron fue reaccionar ante lo que dijo Casement, como Will Smith (macho de pelo en pecho) en la ceremonia del último premio de los Oscar, con un sopapo estéril, sobre el visitante que no nos lleva a ninguna parte. Aquí las opiniones sobre uno de estos amantes extranjeros, Roger Casement, sobre la isla:

«La verdad es que en Iquitos no hay ningún hombre honesto y sincero ni en el servicio público y comercial: son todos mentirosos, si no algo peor».

Seguidamente, acotaba:

«Un viaje a una aldea de la selva es mucho mejor y verdaderamente más civilizado que todo lo que he visto en Iquitos».

La discusión está servida, claro está, para mejorar la ciudad y sus habitantes.

https://elpais.com/cultura/2020/02/07/babelia/1581091598_442947.html

¿Fantasía cauchera?

Publicado: abril 6, 2022 en Uncategorized

Hay titulares que nos enceguecen y nos dejan pasmados por las palabras usadas. La primera reacción es sí, efectivamente, el personaje o personajes fue lo que dijeron o fueron sacadas de contexto. Muchas veces, sucede esto, que se extrapola lo que dijeron. Bueno, te das cuenta que las palabras fueron, literalmente, transcritas y la cuestión tiene otro cariz. La segunda reacción es preguntarse ¿Por qué dijo eso?, ¿Fue producto del calor de la entrevista? Hace poco leía un titular que decía, resumidamente, que Julio C. Arana era una de las figuras más importantes de la historia amazónica y peruana. Me parece que afirmar eso, quiero pensar, es debido al ardor de la entrevista o «en plan de llamar la atención» como dicen los jóvenes. Ante todo decir que Arana tiene su dimensión en el caucho, no precisamente por su dignidad y cualidades, sino por lo que hizo en la explotación cauchera con sangre indígena y la formación de su imperio económico en el seno del capitalismo como fue Inglaterra. Pero es relevante en ese período. Muchas veces, los amazónicos y amazónicas, de Iquitos, nos falta “descentrarnos” y somos, exageradamente, unidimensionales, porque hay historia en otros lugares de la Amazonía, no lo olvidemos. Para situar otro personaje en la dimensión cauchera, es el caso de Fitzcarrald, pero se quedan en ese periodo histórico ¿Qué trajeron de bueno estos barones de la goma?, ¿Cuál ha sido su legado, el extractivismo como lógica (sabemos que esta viene desde la Colonia)? Pero la historia en la floresta trasciende al fulgor de estos personajes siniestros. Si nos remitimos a la historia, Francisco de Requena tuvo una gran importancia en la administración del palustre, ojeemos lo que dice José Barletti de él. A igual, en el período republicano, Ramón Castilla, en el hecho y esfuerzo de consolidar el aliquebrado y naciente Estado peruano en el marjal. Cito a dos personajes, pero hay muchos más. Más cautela para no confundir ni turbar en este inmenso patio de aguas.