Testimonio de agitada vida

Publicado: septiembre 15, 2021 en Uncategorized

El tiempo primaveral limeño es gris, frío y de mascarilla por la pandemia, sí se puede acompañar un buen café para calentar mucho mejor, debo buscar una manta como cobijo. Veníamos de un tiempo de estío del otro lado del charco y sentimos la pegada de estas temperaturas de los últimos coletazos del invierno, pero este tiempo no mató las ilusiones para buscar una librería y visitar los stands de la Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores. Así, antes de subir al avión, en mi libreta de apuntes, había borroneado el libro del testimonio de Lurgio Gavilán Sánchez, “Memorias de un soldado desconocido. Autobiografía y antropología de la violencia”. Desde sus primeras páginas me atrapó y aprovechando el jet lag o desfase horario, me puse a leer con avidez en cada despertar de madrugada. Es un testimonio fascinante de una persona que ha vivido muchas vidas y todas con ardor guerrero, más aún en un contexto de estos tiempos de usar la memoria como arma arrojadiza y de manera canalla. De niño fue reclutado por Sendero Luminoso y luchó con ellos en su “idea” de cambiar este país de contrastes que derrocha injusticia. Luego, con la misma convicción está en las filas del ejército, un sensible militar le encaminó a la vida castrense siendo él un muchacho adolescente. Formó parte del pelotón conocido como “Los cabitos”, adolescentes que eran parte del ejército y luchó contra Sendero Luminoso. Pasada la vida militar es enrolado a la orden franciscana, estuvo por el convento de Ocopa, fue un fraile en la selva central. Es una vida intensa, de cambios, de comparaciones ¿Podemos considerar a Gavilán como una víctima de la violencia política? Como lector sufres esas metamorfosis de sus vidas con todas sus luces y sus sombras. Te remece, te cuestiona, te hace borrar todos esos conceptos fijos de víctima o de victimario. A Gavilán le debemos mucho, como sociedad no le hemos dejado vivir sus vidas, estas han sido impuestas. Desgraciadamente, ha debido adaptarse a las circunstancias y momentos que le ha tocado vivir. Un testimonio como el de Lurgio Gavilán debe hacernos comprender mejor este país que ha sufrido una brutal y sangrienta guerra civil.

Mirada torva

Publicado: septiembre 8, 2021 en Uncategorized

Unos días antes de salir de Madrid para Lima, en pleno contexto de pandemia, leía, mejor dicho, releía el informe ejecutivo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación que por estos días cumplía un aniversario más de su presentación pública. Eran ya dieciocho años y muchas de sus propuestas, lamentablemente, han quedado como tales o en los cajones de los escritorios. Volver a sus páginas era remover todo ese pozo de sentimientos, emociones encontradas de lo que fue esa guerra civil en nuestro país. Amigos y amigas fallecidos como consecuencia de esos tiempos de violencia, los momentos chungos de la universidad con las discusiones sobre Sendero Luminoso, que nos acostumbramos a vivir en un estado de excepción- es decir con derechos limitados y sin rechistar, que miramos a otro lado a los que morían en los Andes peruanos y parte de la selva, nuestra empatía ciudadana tuvo un serio déficit emocional, del hartazgo de la errática clase política que nos gobernaba, que muchos tuvieron que tomar la decisión de emigrar para buscarse la vida o huían de la violencia a Lima o la selva, mientras que otros tenían al enemigo muy cerca de ellos, de nuestra mirada miope para observar este país difícil, diverso y complejo. Un país fragmentado y de contrastes. Mientras leía las páginas del informe sentía mucha impotencia, frustración, ganas de gritar lo mal que lo hicimos y seguimos haciéndolo. Una de las tantas conclusiones que nos advierte el informe es que todos los actores que estuvieron involucrados en este escenario del conflicto armado interno tuvieron, y tuvimos, una mirada equivocada del país. No dieron con la tecla oportuna. Desgraciadamente, en el actual contexto político nos volvemos a tropezar en la misma piedra. Estamos bajo una discusión muy enconada, de extremos, de oídos sordos y miradas ceñudas. Parece ser que la magra y desgraciadamente experiencia vivida nos ha enseñado muy poco. 

https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/suelo-llegar-librero-milan-planta-cara-gigante-amazon_1_6493997.html

¿Conexión gomera?

Publicado: septiembre 1, 2021 en Uncategorized

Hace poco salía un libro biográfico, casi al detalle, sobre la vida y fatigas de Fernando Pessoa, este gran escritor portugués. El biógrafo Richard Zenith en «Pessoa. An Experimental Life», ha escrutado su vida, huroneando hasta los borradores que escribió este autor de muchos heterónimos célebres como el de Álvaro de Campos, Alfonso Reis entre otros. De acuerdo a una apostilla leída ha rebuscado también en su vida íntima. En casa está el «Libro del desasosiego», cuya edición es de Richard Zenith, el biógrafo de la obra citada. Recuerdo que en Lisboa uno de los primeros lugares que me enseñó F fue la estatua de Pessoa, que por el covid- 19 lleva también mascarilla por estos días. Caminar sobre las huellas de este vecino de Lisboa te llena de preguntas mientras garbeas en ese océano de nostalgia que anega esta ciudad. Dentro de mí sonaba un ritmo de una histérica trompeta de jazz. El tranvía que trepa las colinas y las cuestas de la cidade le da una sensación de un viaje en el tiempo, tuve la misma impresión en Oporto, por estas rúas se me venía a la memoria que muchos lusos fueron a Iquitos por la fiebre de la borracha. Es muy curioso que Pessoa haya estado conectado con la floresta, sí, conectado. No es ninguna venada ni especulación. Me remito a los hechos o evidencias. Entre los objetos, muchos, que coleccionaba con ahínco, estaba los sellos de caucho, dicen que era gran aficionado. Sí, de caucho, como se lee. El caucho que era extraído de los bosques del pajonal con mucha sangre y sevicia contra los integrantes de los pueblos indígenas estaba en el escritorio de Pessoa ¿Se habrá enterado él de las muertes de la shiringa?, fue un escándalo internacional y un paisano suyo estuvo en los territorios de Belcebú como fue Silvino Santos ¿Leyó lo ocurrido en el Putumayo?, ¿El informe de Roger Casement? Seguro que sí, era un hombre muy enterado, aunque no de manera directa, aunque sea fuera de oídas habrán retumbado los manguarés del Putumayo. Como nos recuerda Rob Nixon que las intervenciones de los imperios hacen que su población ni siquiera se entere del impacto de este en otras franjas del planeta, espero que esta hipoacusia no le haya pasado a Fernando Pessoa.

Gracias, Tito

Publicado: agosto 25, 2021 en Uncategorized

Uno de los empeños de mi padre era que leyéramos desde que éramos muy pequeños. Se cargo de paciencia en esa tarea de largo aliento. Leíamos juntos algunas novelas, nos contaba sus hazañas recreadas literariamente, gran narrador oral como mi madre, a él le cuesta reconocer esa virtud porque se reconoce como un hombre práctico. Es decir, que ambos en casa se empeñaban en que nuestra imaginación estuviera encendida, floreciera. Añadía ese tesón a la implementación de la biblioteca de casa, recuerdo una colección de ciencias que leía con cierta asiduidad. No solo en la escuela sino también cuando estábamos en la universidad, mi padre se compró una colección de novelas de distinto peso literario. En mi adolescencia en Illa Gran no tenía con quien comentar lo que leía fuera de casa o el círculo de patas era muy pequeño. Estando en cuarto de secundaria tuve la suerte de compartir la clase de Literatura con Tito Arias, sí, el enseñaba esa materia escolar. Mis referencias de Tito, sabía que era un jugador del CNI de Iquitos, uno que destacaba por sus tiros de esquina con sabor a gol, goles olímpicos se decía en mi época. Nuestra clase no era, digamos así, muy pacífica. Éramos unos adolescentes muy complicados, con la testosterona alborotada. En mi primer día observé una bronca a cara de perro entre dos compañeros, con rotura a patadas de una puerta. En ese contexto aparece Tito Arias enseñando Literatura. Para mí fue un bálsamo en ese páramo tropical, es más, fue una de las primeras veces que sentí mucho apego por la escritura, que se podía ser escritor. El promovía discusiones sobre los textos leídos, que no eran nada fáciles por la dispareja fuerza de la clase. Él perseveraba en ese empeño, recuerdo con el Chino Pereira, en los tiempos muertos, nos recitábamos balbuceos que nosotros pensábamos que era poesía. No tuve nunca la oportunidad de agradecer a Tito, valgan estas líneas. Lo digo porque está próximo a publicarse un ensayo sobre la experiencia lectora en la floresta que de alguna manera también se lo debo a Tito quien apuntaló, de manera inconsciente y sin querer, en esa tarea. Fue su mejor gol olímpico.

https://www.bloghemia.com/2021/08/noam-chomsky-todavia-no-se-puede.html

https://www.eldiario.es/aragon/cultura/bunuel-maleta-viaje-recorrido-vital-cineasta-calandino-traves-objetivo-miguel-sebastian_1_7197973.html

Todos nosotros somos unos soñadores, inservibles para la vida cotidiana

W.G.Sebald

Recuerdo que en la universidad, leía y subrayaba en los márgenes de los folios, con mucha entrega un libro pergeñado por Fernando de Trazegnies sobre la responsabilidad extracontractual, es uno de los mejores libros de Derecho escrito en Perú, repujado con mucha creación, reflexión y sabiduría. De Trazegnies apostillaba sentencias sobre determinadas situaciones que explicaba en el libro, entre las sentencias que citaba estaba una de daños y perjuicios producidos en los cines de Iquitos por la algarada en los precios de las entradas. Sí la memoria no me falla en esta edad provecta,  el dueño de los cines demandó al Estado por daños y perjuicios, al no prevenir estos. Esto como dato de la realidad y del derecho. Citar que el cine es un elemento de la modernidad que irrumpe en la selva con éxito, el cineasta brasileño- portugués, Silvino Santos, hizo una película para “blanquear” la sevicia del Putumayo por encargo de Julio C. Arana. Así el escritor Percy Vílchez Vela, ha tomado ese dato de la realidad, de las algaradas contra los cines en Iquitos, para crear una novela descacharrante de amores imposibles en los trópicos, de apegos platónicos entremezclados con la imagen rutilante y fugaz de la actriz amazónica, Ofelia Montesco. La ironía es uno de los recursos literarios y emocionales, recordemos que Miguel de Cervantes lo usó a lo largo de El Quijote, que recurre Vílchez para describir la ciudad de Iquitos, Percy lo maneja dosificadamente. La ironía atraviesa la historia de principio a fin. No es de un humor fácil, es un humor que luego de reírnos te das cuenta la miseria en la que nos encontramos, nos retrata de cuerpo entero sin ofendernos – recuerdo una venada tropical el manifiesto de los ambientalistas locales  mostrando su júbilo por la construcción de la carretera Iquitos- Nauta. Los personajes de márgenes viven envueltos en sus delirios en la realidad de la novela. Él más, Orestes Bardales – bardales significa, obstáculo, barrera, en ese sentido, el personaje tiene un badén para transformar sus obsesiones en algo concreto, es casi es un problema psiquiátrico. Bardales se enamora de las divas del cine de Hollywood o del cine mexicano de entonces, quizás esa obsesión por Ofelia y otras musas del celuloide sea su tabla de salvación al vivir en una ciudad de la maraña. Es el tubo de escape ante la decrepitud. En la misma situación de Bardales con la realidad está su mujer, Olinda Pinedo y otros protagonistas, como el policía que se hace pasar por mendigo en los basurales de la ciudad y que adora a Laura Antonelli, grande attrice italiana. Al mismo tiempo, siendo un marchamo en las creaciones de Vílchez, lo podemos ver en «Inquilinos de las sombras», a lo largo de la novela apela a la memoria histórica de la ciudad que cada día camina hacia el olvido. La revitaliza como la descripción de ciertos bienes culturales. Es una novela corta, la de Vílchez, que nos sacará seriamente más de una sonrisa porque nos muestra lo que somos.

https://lecturassumergidas.com/2015/04/29/jorge-riechmann-consumimos-el-planeta-como-si-no-hubiera-un-manana/

El héroe del pueblo

Publicado: agosto 11, 2021 en Uncategorized

Habíamos planeado ir unos días para descansar fuera de Madrid en este estío, unos días al margen de la rutina viene al cuerpo y alma de perlas. El exceso de información es parte de este estrés diario. El pueblo escogido era en La Mancha, en Castilla  La Mancha, Oropesa de Toledo. Nos fuimos en tren – hay que preservar la huella ecológica en lo posible, si se puede, en esta sociedad donde el carro debe ir hasta yo quiera. De la estación de tren a unos minutos caminando estaba el hotel, es un edificio de valor cultural, al lado, de un viejo castillo de igual importancia cultural de un periodo histórico en esta parte del reino. Decidimos garbear por las calles del pueblo, angostas, daba la impresión de una antigua judería, apenas se registra el rastro sefardita. En el hotel vimos una placa conmemorativa que se refería a Francisco Álvarez de Toledo, quinto virrey de Perú, ocupó el cargo por once años y meses. Entonces, agucé más mis instintos. Sí, era el famoso virrey Toledo de la historia peruana, aquí era el héroe del pueblo. Eso de héroe depende del ojo con que se mire. Entre los pergaminos del Virrey Toledo estaba, nada menos, que había aplacado con sevicia la insurrección de Túpac Amaru. Sabemos los peruanos como terminó José Gabriel Condorcanqui en manos de este súbdito de la corona, despedazado cruentamente. Con el añadido, del abuso de la mita minera, de la formación de la reducciones de indios, de la instalación del tribunal de la Inquisición entre otros.  Es más, luego de estar en las Américas, se hizo construir una iglesia para que sea enterrado allí, pero la vida siempre da puntadas, finalmente, no se cumplió su deseo, hoy es un edificio rehabilitado donde se hacen fiestas y otros eventos. Pero donde uno va se acuerdan de él. Es un pueblo pequeño que depende mucho del turismo, por la parte central de sus calles se ve algunos recuerdos a muchos de sus paisanos que fueron a las Américas en la época colonial. Además, según las placas recordatorias están hermanados con el pueblo de Oropesa del Cusco. Sin querer nos topamos con el héroe del pueblo.