Archivos para marzo, 2019

¿Cuándo un proyecto como la posible construcción de la hidrovía en la Amazonía pueden traer impactos negativos en el ecosistema como reaccionamos los que vivimos dentro o fuera de la floresta? Nos señalan que puede tener impacto muy serio sobre el comportamiento de los peces o que en el proceso los decisores de esta política desdeñan la sabiduría de las personas locales que conocen este complejo y frágil ecosistema ¿esta segregación de saberes un desperdicio de la experiencia? En la Comunidad de Cuninico, Distrito de Urarinas, Loreto, Perú hay mujeres, niños y hombres sufriendo en su salud las consecuencias del derrame de petróleo ¿cuál es nuestra actitud?, ¿mostramos nuestra empatía sobre ese sufrimiento? Ante todo parto de la premisa que soy un desencantado del concepto de desarrollo sostenible mientras que no se cambie el modelo económico de mirada insaciable de cara a los recursos naturales. Me formulaba estas preguntas a mí mismo mientras leía información sobre la ciudadanía ecológica ¿pudiéramos estos conceptos trasladarlos a la configuración de una ciudadanía amazónica ecológica? Partimos de la condición que no toda ciudadanía amazónica es ecológica. El ser amazónico o amazónica no te da esa condición, hay que trabajarlo a pulso. Hay quienes en la floresta profesan el concepto de desarrollo como el uso utilitarista de los recursos naturales y hacen un apostolado del extractivismo a todo tren. Un claro ejemplo de este uso de los recursos naturales, es lo que dijo Alán García Pérez sobre “El perro del hortelano”. Es por eso que para que la ciudadanía amazónica sea ecológica se tiene que actuar en consecuencia. ¿Cuáles son esas las premisas de la ciudadanía ecológica? Primera, una de estas características es que es bifronte en cuanto sus obligaciones tanto en la esfera pública y esfera privada. Debe haber un compromiso pleno con la naturaleza y el medioambiente en cuanto a su preservación y defensa. Los residuos en casa hay que reciclarlos, por ejemplo. Segunda, hay una cuestión en común cuando describimos estas preocupaciones de lo que sucede en la Amazonía, es la “desterritorialización”, es decir, donde estemos lo que suceda en la floresta nos preocupa y nos obliga a actuar desde el lugar donde uno esté y con los recursos que tiene. Añadidos a la tozuda construcción de la hidrovía, o la tragedia de Cuninico, se suman los impactos de negativos generados por la minería en Madre de Dios y nos obliga a hacer algo. Hubiera que sumar a estas premisas una tercera que es el concepto de la huella ecológica. Según un autor, Dobson, señala que las huellas ecológicas son una expresión del impacto de la producción y reproducción de la vida diaria de los individuos y los colectivos en otros seres humanos lejanos o cercanos. Todo lo que ocurre en la Amazonía como los derrames de petróleo, por ejemplo, está vinculado a esa huella ecológica de esta ciudadanía desterritorializada. Por ejemplo, los usos del petróleo y sus derivados pueden beneficiar a unos pero perjudicar gravemente a otros como es el caso de los habitantes de Cuninico ante los derrames en el río Marañón y hay que ser conscientes de esta huella. A esta configuración de una ciudadanía ecológica y amazónica se uniría que no es solo una preocupación presente, en el caso de la floresta, la preocupación es también por las generaciones futuras como se establece en el fallo del Tribunal Constitucional colombiano donde alude a las futuras generaciones en la Amazonía. Con el repaso de estos conceptos ¿podemos considerarnos ciudadanos ecológicos y amazónicos?

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La primera abogada peruana

Publicado: marzo 29, 2019 en Uncategorized

https://elperuano.pe/noticia-la-primera-abogada-peruana-76203.aspx

¿Mudanza? (2)

Publicado: marzo 28, 2019 en Uncategorized

Desde que hay de por medio una inminente mudanza todo lo que venía haciendo con cierta rutina se ha desplomado – las rutinas tan denostadas, muchas veces, al menos para la vida administrativa vital tiene sentido si no te perderías. De alguna manera, valoro esa rutina que no nos hacer perder el norte, los planes a medio plazo y los de largo aliento. Siento en estos días que me gana y ha ganado el caos. Para ello tengo mis propios indicadores de esa tensión. Un ejemplo, es que empiezo un libro y luego de ir leyendo con cierta voracidad me detengo sin más y doy largas para terminar el libro. Todavía no encuentro el motivo de esa parálisis repentina en plena lectura. No sé qué me pasa, pero entro una vorágine que pareciera que no tuviera fin. Es un bucle sin salida, camino a tientas. Cada día que pasa y se acerca el día de la mudanza siento que hay mariposas que revolotean mi estómago ¿por qué tanto miedo escénico? Sabemos que los nómades vivimos en este continuo contrapunto. Es un marchamo que no debemos de olvidar cuando gana el sedentarismo en un lugar. Cuando pensamos que hemos encontrado cierta paz o estabilidad – que lo que tenías controlado o de rutina- llega de un de repente un seísmo que altera completamente todo. Se abren grietas y otra vez te invitan a coger bártulos e irte. Esa “inestabilidad del desarraigo” la he vivido siempre desde la infancia por los viajes de mi padre – a pesar de tanto éxodo mi padre es un ser arraigado a su terruño. Cuando sentías que tenías tus amigos y patas, ibas conociendo la nueva ciudad irrumpía como un río el aviso del viaje y se removía todo. Tenías que hacer el equipaje y otra vez a comenzar. Puedo decir que en mi infancia tengo amigos contados con los dedos de la mano y muchos de ellos se han perdido en la memoria. Pero hay que dejarse tanta cháchara y rehacerse para hacer maletas otra vez.

https://redaccion.lamula.pe/2015/07/29/gonzalo-portocarrero-el-peru-todavia-no-es-una-nacion/rlescanomendez/

¿Mudanza?

Publicado: marzo 26, 2019 en Uncategorized

Una de mis estancias más largas de mi errabunda vida ha sido en el Olmo, casi veinte años. Han sido largos años desde mi venida de la floresta. No me he separado de él. Aquí ha sido el lugar donde he pasado más tiempo, leía que este barrio antiguamente vivían los que hacían los atrezos de las obras teatrales. Hoy hay muchas tiendas de trajes de flamenco. Pero por situaciones adversas a nuestro control tenemos que movernos del Olmo, de la almendra de Madrid. No es un sitio común lo que voy a decir, pero casi todo lo hacía caminando, tanto que prescindía del transporte público. Muy cerca de los museos, de las librerías, de los muchos rincones que tiene Madrid. A tiro de piedra del cogollo del barrio de Lavapiés, es un hervidero de muchas trashumancias, de gran riqueza cultural que no sido ni es suficientemente valorada. En esta estancia he podido escribir crónicas periodísticas, ensayos, novelas y hasta una tesis doctoral. Aquí me dije que me exiliaba para escribir, para pensar y el Olmo me acogió con su calor y candor. Para mí ha sido una suerte de ombligo del mundo – todos mis caminos me llevaban al Olmo. Recuerdo que cuando bajé del avión lo que más pesaba del equipaje han sido los libros y cuadros de algunos pintores de la floresta que se acomodaron sin rechistar en el piso. Traía libros luego de expurgarlos en Isla Grande y otros libros de aquí se han incorporado también a la biblioteca. Cuando comento de la mudanza inminente que se me viene me dicen, mejor, seguro que en tu nuevo domicilio habrá más espacio para los libros. Me pongo serio, no es por los libros. Es por lo que significaba y significa el Olmo. Aquí era mi isla, vivía mi propia burbuja del exilio con risas, calmas e iras. Hacía que mi estancia en esta tierra extraña sea más llevadera. Estaba muy cerca de los restos donde dicen que está enterrado Miguel de Cervantes, de la casa de Lope de Vega, del sepulcro de Bécquer, del barrio de las Letras que de alguna manera u otra te inspira escribir. La mudanza espolea otra vez el espíritu trashumante.

‘Mosko-Strom’, la obra sobre el progreso y el vacío en las grandes ciudades escrita hace más de ocho décadas por la peruana Rosa Arciniega, vuelve a las librerías

https://elpais.com/cultura/2019/03/19/actualidad/1553010037_856651.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Rúas de París (4)

Publicado: marzo 24, 2019 en Uncategorized

El último día a orillas del Sena habíamos previsto visitar el Museo de Louvre, ese día pronosticaban lluvia y el cielo lucía encapotado. Así que mejor guarecerse, fue la idea de F, soy más torpe para esos planes de lo cotidiano. Esos días había pateado París mapa en mano. Me hacía largos paseos que sus largas avenidas se prestaban a ello. Los árboles muy delineados y la anchura de sus calles era lo que más me hacían estar a gusto. Esas caminatas ayudan a ensimismarse, a conversar con uno mismo. Solo saludaba a las personas que estaban en el hotel o me detenía en algún café para recargar energías. Luego era dueño de mi mismo. En línea recta o perpendicular de mis trazados sobre el mapa siempre me llevaba a algún lugar. Tomaba nota, recordaba alguna anécdota. Clic. Leía con ánimo infantil las placas en las casas de i personaggi famosi, hay un esfuerzo para fijar la memoria en la ciudad, muy lejos de las ciudades de aluvión, de memoria corta. Dejando atrás este repaso de paseos con paraguas en mano fuimos al Louvre. Es inmenso y teníamos que priorizar sobre todo energías y tiempo, esa tarde volvíamos a Madrid. Así que fuimos por las exposiciones sobre Grecia y Roma y te quedas boquiabierto con las esculturas, La Venus de Milo, la mira y remiras, las esculturas de Grecia en París, sí, suena un poco raro. Recuerdo que en Atenas también me quedaba mirando la precisión y la estética que desprenden esas esculturas. Luego fuimos por el retrato fetiche del museo “La Gioconda”, cientos de personas al frente de ella. Hay que tomarse de paciencia para llegar hasta ella. No te dejan estar tranquilos los selfis – con el tiempo los voy tomando manía, cuando menos piensas tienes la cámara del móvil casi en tu cara. Escuchas un disparo de una cámara fotográfica. Da para hacer una observación participante de los que pisan esta sala. Selfis y se van disparados a otros sitios. Muy cautelosamente fuimos a otras salas donde había menos gente y pudimos disfrutar mejor los cuadros. Paris y sus rúas.